Una acampada en «mi ciudad»

Ana Lamas redac.vigo@lavoz.es

VIGO

IAGO MANEIRO

Catorce años son muchos, pero sigue, y cada vez con más éxito. El campamento urbano «Viaxa no tempo» comienza estos días con más de 300 niños inscritos

29 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Como el primer día Iago baja el primero, ya ha estado el año pasado y sabe perfectamente por donde se va. «Si no viene este año se muere», me dice Carmen, su madre, que sabe que sus dos hijos están ansiosos por ir al campamento de verano. Pero éste no es como los demás, es un campamento urbano que pretende que los niños aprendan a jugar con sus amigos en la ciudad. Trescientos niños ya están apuntados, entre ellos Iago y su hermana Iria. Serán dos semanas en las que los pequeños y los no tan pequeños de entre ocho y catorce años disfruten de las actividades y excursiones organizadas por dos asociaciones juveniles, Abertal y Xentenova. Un viaje en el tiempo Hace catorce años que este campamento se puso en marcha y cada año que pasa es un rotundo éxito. De lunes a viernes y desde ayer y hasta el nueve de agosto todos los niños que quieran podrán disfrutar de una serie de actividades educativas, lúdicas y deportivas en el pabellón de las Traviesas. Además, se tienen previstas tres excursiones, una a la playa de Limens en Cangas a la que los niños irán en barco, otra a la montaña y una última es un día de convivencia en Vilagarcía con más de mil niños de campamentos urbanos de toda Galicia. «Viaxa no tempo» es el lema de las actividades de este año. Conocer la antigua Grecia, formar parte de un ejército romano o convertirse en un intrépido vikingo son algunas de las actividades que podrán realizar los niños por las mañanas, es como se diría «aprender jugando». Por las tardes la dinámica será otra, aquí los chavales son los que elegirán lo que quieren hacer, deportes, ludotecas y obradoiros. «Los niños deben de estar con sus padres y disfrutar de la ciudad con ellos» dice el director del campamento, Javier Ameneiro. Por esto, los niños van a comer y a dormir en su casa, además los fines de semana no hay actividades para que puedan estar con sus familias, además es totalmente libre, lo que quiere decir que los niños los días que quieren. De niño a voluntario «Yo estuve aquí como chaval», respondió Fran un monitor del campamento. Ya lleva tres años como voluntario en esta actividad y parece que repetiría. Son unos setenta voluntarios los que trabajarán con los niños estas dos semanas pero el trabajo merece la pena. Para Fran «el verano es muy largo y se pueden hacer muchas cosas», además «los pequeños lo agradecen bastante, se lo pasan muy bien». Educadores sociales y psicólogos completan el grupo de monitores encargados en los niños. La mayoría son jóvenes que se llevan muy bien con los niños, que es lo importante. Carmen, la madre de Iago e Irene, está muy contenta. No es el primer año que lleva a sus hijos al campamento y opina que los tratan muy bien y los ciudan mucho. Aprender jugando Abierto, libre, gratuito, ciudad y continuidad son los cinco puntos en los que se basan las actividades. Javier Ameneiro, el director, basa el éxito de esta propuesta en que se les enseña a los niños a jugar con sus amigos en la ciudad. Los niños se dividen en grupos por la edad pero también por amigos. Si un niño quiere cambiarse de grupo y estar con sus amigos, no pasa nada y se cambia. Pero el campamento no es una actividad aislada si no la continuidad de los trabajos de las dos asociaciones juveniles, Abertal y Xentenova, realizan durante todo el año. Paralelamente, se va a realizar un concurso fotográfico para todo el que quiera participar. El tema es descubrir el rincón de la ciudad que más le haya sorprendido a la gente. Las fotos de todo el que quiera participar se pueden entregar en el Corte Inglés o en la sede del campamento urbano. Ayer fue la presentación, pero cualquier niño que quiera inscribirse puede. Los horarios son de 10.00 a 13.30 de la mañana y de 17.00 a 20.00 de la tarde. Iago e Iria son dos ejemplos, pero ya estás apuntados 300 y se espera superar los números del año pasado, 450. Aun así, son 10 días en los que los niños van a aprender pero sobre todo, disfrutar.