ANÍBAL BARBÓN PERISCOPIO
12 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.EL «FOSBURY» DE RIBADUMIA. Rafael Louzán se lo ha puesto así mismo un poquito más difícil. Y es que el presidente provincial del PP parece no achicarse. En público se ha fijado ya el listón para las próximas elecciones municipales más bien alto. El sucesor de Cuiña al frente de los populares pontevedreses señala como reto y promesa personal alcanzar en el 2003 para su partido las alcaldías de Vigo, Pontevedra, Vilagarcía y Redondela. Ahí es nada, casi, casi cuatro mayorías absolutas para dominar las urbes de la provincia, hoy en manos de nacionalistas y socialistas. Todavía no ha dicho nada de la técnica que empleará para ello, pero Louzán tendrá que sacarse de la manga algún xeito tan sorprendete como el que en su día sorprendió al mundo de la mano, o mejor, de los pies de Fosbury, para no tirar la barra, ni rozarla con el culo, con perdón. FUMANDO ESPERAN. Y no es que nadie en el PP esté esperando un fallo del también vicepresidente de la Diputación, no por ahora no es la misma jaula que el PSOE galaico donde los cuchillos se afilan las 24 horas del día. Pero el poder que se pide desde las ciudades dentro del partido como no se haga efectivo claramente después del congreso de mañana, desatará alguna voz que se escucha por lo bajo reclamando la máxima de que para conquistar las ciudades las tropas deben ser mandadas desde ellas. PODER RURAL. Sin embargo, aunque el sindicato de alcaldes no es más que un recuerdo en el PP provincial, los de la boina, que diría Baltar, seguirán mandando después del cónclave de mañana. Eso sí, con más miembros con birrete en los asientos del poder.