El municipio de Crecente, en vía muerta

La Voz

VIGO

ÓSCAR VÁZQUEZ

MÓNICA RODRÍGUEZ REPORTAJE Las estaciones de Filgueira y Pousa, en situación de completo abandono

09 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

NCUENTRA el olvido un reducto ideal en el pueblo de Crecente. Más que en el pueblo mismo es en los márgenes del Miño donde se ceba el descuido. Allí se enclavan dos de las estaciones de ferrocarril de la zona que, en su momento, fueron una importante vía de comunicación para esta villa del Paradanta. Siente el viajero un dolor especial al comprobar el estado de abandono que presentan las estaciones de Pousa y Filgueira. Pasa el tren al ritmo de aquella canción Al compás del chaca chá del chaca del tren... y en el vaivén se vuelve la vista a la derecha para disfrutar de un entorno incomparable. No se repara, sin embargo, en el margen izquierdo, donde la desidia hace mella y es fiel reflejo del olvido en el que estas dos estaciones están sumidas desde hace tiempo. Crecente vive en este punto entre una mezcla de la decadencia del romanticismo y la irrupción en su vida del cine de terror. Hasta el mismo Stuart Gordon podría haber cambiado Combarro por Crecente para mostrar el reflejo de una Galicia poblada por monstruos y dioses. El marco, inigualable, de hecho hace abrir los ojos no sin dejar de perder la vista a una carretera que parece surcada por la ira de una bestia. Es la PO-400 en su tramo de Crecente a Filgueira. 15 kilómetros que impiden disfrutar de las excelencias que la naturaleza otorgó a esta zona. Son gentes afortunadas en este sentido los habitantes de la comarca de A Paradanta pero sigue sigue sintiendo el viajero una punzada especial cuando llega al primero de sus destinos. Desperfectos Pousa al igual que Filgueira está situada a las orillas del Miño. Vive rodeada de montañas generosas, de naturaleza generosa y de gentes también generosas en amabilidad. El contrapunto lo marcan los desperdicios que asoman por cualquier esquina y un apeadero que no ha logrado sobrevivir a los tiempos. El alumbrado, según dicen los noctámbulos «brilla por su ausencia» ya que de los cinco puntos de luz no pervive ni una sola bombilla. La bancada de cemento para descansar está en parte destrozada, el tejado lleno de piedras y tampoco ésta ha podido escapar a las pintadas en las paredes. La maleza, que ya es visible en parte de la carretera, lleva trazos de ivadir también la estación. En cualquier caso levantar la mirada supone encontrar un túnel por el que el tren desaparece en breves segundos sin reparar en lo que deja atrás. Una invitación para buscar otra de las estaciones de la zona. La situación de Filgueira no es mucho mejor. Es, por el contrario, una edificación mayor que la de Pousa y sirve en la actualidad como almacén. Entrar en él implica sus riesgos ya que el techo amenaza con venirse abajo. Dicen que cerrar los ojos es un buen modo para evadirse del mundo. Aquí es, además, una acción recomendable. Incluso las hierbas saludan al visitante asomando en un cartel que reza Renfe . Denuncias Se han alzado muchas voces al respecto pidiendo al Concello de Crecente y concretamente a su alcalde, el popular Julio César García Luengo, que se dirija a Renfe y a la Xunta para que gestione el arreglo tanto de los edificios como de los viales de acceso. Una de las últimas fue la del PSOE que exige para las estaciones limpieza y consevarción. Además apuntan que a pesar de que en la actualdidad el flujo de viajeros es menor que en el pasado «todavía hay muchas personas que siguen utilizando el tren». Su conservación contribuiría al mismo tiempo a potenciar el turismo en una zona en la que el entorno acompaña a la gastronomía y al carácter de sus gentes. De cualquier forma el tren seguirá su tránsito diario y en su interior el viajero continúa su camino al compás del chaca chá.