ROBERTO RELOVA CRÍTICA MUSICAL
08 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando escucho la voz más hermosa del mundo, María Bayo cantando a Strauss, inconscientemente la relaciono con la novela Seda, de Alessandro Baricco. Las dos me sugieren un mundo de irrealidad, de reflexión, de cierto ensueño. Tanto en la novela como en la creación straussiana de la soprano se dan cita el ritmo, la belleza crepuscular. Bayo lleva a Strauss de la mano hacia el siglo XXI, pletórica de amor, bellísima, (su sonrisa enamora hasta las almas más afligidas) más poderosa que nunca, nos transmitió el auténtico universo de este autor. ¿Se podría pedir más? No, pero ella fue en busca del milagro: todos deseamos que nunca llegase el final (¡maldita mortalidad!). María Bayo ya forma parte de la Eternidad, personaje, por cierto, que interpretó en La Calisto de Cavalli. Hacía mucho tiempo que deseaba escuchar a Bayo interpretar las canciones de Strauss con orquesta. Por fin cumplí un sueño y todavía sigo en él. El concierto, bajo la meticulosa batuta de Victor Pablo Pérez, fue un mundo de emociones, sensaciones y matices. Comenzó con un memorable Zueignung que conmovió a toda la sala del centro cultural de Caixanova. El primer lied supuso el arranque de una magnífica velada y una perfecta radiografía del estado vocal de la soprano. Impresionó su poderosa voz y su magnífico timbre entregada a un texto y a un soporte orquestal enloquecido por el deseo de transmitir su propio canto. Qué bien canta la Sinfónica la música de Richard Strauss. Hablo del comienzo, puesto que en Meinem Kinde, Bayo se sumergió y exploró en la más íntima de las sonoridades del cuarteto orquestal. Y por fin llegó Morgen. Por unos minutos nos volvimos eternos, fuimos dioses, pudimos amar a María Bayo, que se desnudó ante la prodigiosa belleza que emanaba de la Sinfónica. Ella desplegó todos los medios expresivos a su alcance, matizó de forma diferente en cada frase, en cada sentimiento, una inspiración que la llevó al máximo de la creación straussiana. Su emisión, su proyección, iluminó cada rincón de la sala. Bellísimo timbre y un color que entregaba en toda su pureza a una orquesta con un director enardecido ante el milagro de la música. Cäcilie puso de manifiesto la poderosa voz de una mujer apasionada que la utilizó de una forma inteligente y estudiada. ¿Y los textos? un tesoro llevado hasta el máximo cuidado en una línea de canto hermosa y pura. Versión pues, de Strauss, de referencia, cargada de amor. Deseo que María Bayo no pierda nunca su maravillosa voz, ni su belleza, ni su gran humanidad. ROBERTO RELOVA dirige el Conservatorio Superior de Música de Vigo