SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO PALESTINO. Las imágenes hablan solas. La maquinaria de la guerra de Israel está actuando cual apisonadora en Palestina. Como al poeta, a sus gentes apenas les queda la palabra para seguir resistiendo y pedir auxilio. Mientras la respuesta institucional, tanto de Bruselas y Madrid -José María Aznar es el presidente de turno de la UE- como de Washington, resulta inaudible, los ciudadanos empiezan a impacientarse. En muchas ciudades, Vigo entre ellas, se han celebrado concentraciones. Esta tarde, los vigueses podrán hacer un nuevo ejercicio de solidaridad con Palestina. La cita es a las 20 horas, en Príncipe. Convocan los sindicatos, los partidos políticos -salvo el PP-, la Federación Vecinal y varias asociaciones y colectivos ciudadanos. Dicen los convocantes que es hora de la UE y Naciones Unidas se mojen de una vez. Pues sí, ya es hora. CARTA DESDE RAMALA. El líder de Progresistas vigueses, Manuel Soto, acaba de visitar los campos de refugiados de Tinduf. A través de algunos contactos realizados en ese viaje le ha llegado una carta en la que se explica cómo es la vida en Ramala. Soto nos ha hecho llegar la carta, que firma la directora del Centro Cultural Khalil Sakakini, Adila Laïdi, y en la que, entre otras cuestiones, se recogen los testimonios de varios niños. Alayyan Zayed, de 9 años, explica que no puede salir a jugar a la puerta de su casa. Lema Zayed, de 11, dice que ve como los soldados «nos quitan nuestro país. Nosotros no tenemos nada con que responder». Ahmed Tuqan tiene 7 años y relata que, tras el inicio de la intifada va de una casa a otra. «Cada semana vivimos en una distinta». El testimonio más corto, que no el menos impresionante es el de Sara Atrash. Desde sus 5 años dice «Mama, te amo». La misiva de Adila puede resumirse en una línea del segundo párrafo: «no queremos convertirnos en los Pieles Rojas del mundo árabe. Queremos ser libres en esta tierra, en paz y con dignidad». Eso. CAUSAS Y HONORES. Si los abrazos y apretones de manos se agotasen, los de Julio Fernández Gayoso estarían en la reserva. Y es que fueron cientos los que hubo de repartir a propósito de su doctorado honoris causa. Uno de los más efusivos -a las pruebas de la foto me remito- lo guardó para Manuel Campos Villarino. No sabemos lo que se dijeron, pero hay amores que no necesitan palabras. PADRAZOS. Y hablando de amores, a los que se les cae la baba cuando hablan de los suyos, que no son otros que sus hijas, es a Javier Maté y a Gudelj. Y eso a pesar de que saben que no van a seguir la saga. A Olivia y Caterina, las hijas de Maté, les gusta el tenis, el ciclismo y el ballet; Vanja y Mía, las de Guldelj, aún son pequeñas pero parece que tampoco les tira el fútbol. Ya se sabe, en casa del herrero...