NURIA SÁINZ ENTREVISTA Luz Iglesias, presidenta de la Asociación Gallega de Ayuda al Depresivo
16 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.primera vista, parece una mujer que siempre ha gozado de un carácter afable y luchador, e irradia una felicidad envidiable. Pero tras esas ganas de vivir, se esconde un año de profunda depresión, intentos de suicidio, y pérdida del control. Afortunadamente, hoy sigue aquí para contarlo. -¿Por qué nace la asociación? -AGAD nace de una lucha personal y de un intento por evitar que las personas con depresión no cometan las barbaridades que cometí yo. -¿Por qué surgió su depresión? -Es difícil de explicar. Todos tenemos motivos para estar deprimidos en un momento determinado. El problema llega cuando, sin percibirlo, se te escapa de las manos. -¿Qué se siente? -Al principio te sientes mal, y no sabes muy bien por qué. Luego te abres a los demás, e intentas hablar, pero llega un momento en el que los que te rodean tampoco te quieren escuchar, porque siempre es el mismo tema y se cansan. Luego vas al médico y te receta pastillas para relajarte y te dice que tienes depresión, y te quedas como estabas. -¿Cómo evolucionó su depresión? -Este tipo de enfermedad afecta a toda tu vida: a tu trabajo, a tu familia y a tu pareja. Afecta a todo lo que te rodea, porque no te entienden. Tu estás mal pero nadie está en tu interior para saber lo que te pasa. No hay sítomas físicos, no es una gripe. Llega un momento en el que no te quieres levantar de la cama. Yo bajaba las persianas para no ver el sol, no cogía el teléfono para no tener que dar explicaciones a nadie sobre lo que me estaba pasando, lo único que quieres es estar en la cama, te aislas socialmente, llegas incluso a tener fobias a cualquier cosa. El resumen es que no tienes ganas de vivir. -¿En algún momento pensó en la muerte? -Ese era un pensamiento constante. Llegó un día en el que me decidí, y lo hice. Yo soy auxiliar de quirófano, trabajé mucho tiempo en el Meixoeiro. Sabía qué medicación debía tomar para quitarme la vida. Una tarde le dije a mi familia que necesitaba salir a dar una vuelta. Cogí el coche, las pastillas y me marché. Eso es lo último que recuerdo porque cuando volví a abrir los ojos estaba en una UCI del Meixoeiro. -Tuvo suerte, otros no lo cuentan... -Ahora sí pienso que tuve suerte, pero en aquel momento, no. Como no llegaba a mi casa, mi familia salió en mi busca y me encontraron en un arcén. Cuando desperté, lo primero que sentí fue una frustración inmensa, no lo había conseguido. Por otro lado sentía una vergüenza terrible. Era otro fracaso más, pero este era muy grande para mi. Tras un tiempo en el hospital, convencí al médico de que ya estaba bien. Aprendes a mentir y a fingir, pero en mi cabeza tenía otros planes. Conseguí que me dieran el alta, eso sí, con medicación. Esa misma tarde, cuando ya estaba en casa, le dije a mi familia que quería descansar un rato. Me metí en mi habitación y me tomé todas las medicinas que me habían mandado. En menos de 24 horas me había intentado suicidar de nuevo. El médico no podía creerselo. -¿Cómo consiguió superar la enfermedad? -Tengo que decir que sin mi médico, el doctor Nuñez Baamonde, no lo hubiera conseguido. Pedí que me dejaran ingresada en el hospital. Sabía que si no tenía un control, volvería a intentarlo de nuevo. Gracias a la mezcla de la medicación, la terapia y el control del hospital, conseguí volver a pensar. El doctor subía a cualquier hora a verme, incluso después de las horas oficiales de visita. Fue su gran dedicación humana y la fuerza que el me transmitía -porque yo todo lo veía negativo-, lo que me hizo replantearme la vida. Siempre recuerdo una frase que él me decía: «piensa que hoy es el primer día del resto de tu vida». Es muy importante dar con buenos profesionales, porque si no, no te curas. Y yo estoy convencida de que la depresión es curable, pero necesitas rodearte de gente que te entienda, porque tu en ese momento no eres tú, necesitas la fuerza y el apoyo de los demás. -¿Volvió al trabajo? -Después de coger algunas bajas por depresión, y de que la gente supiera lo que me había sucedido, me miraban como un bicho raro. Tienes que demostrar el doble de lo que vales, porque no se fían de tí. Notas que te miran, y además, la palabra depresión asusta a la gente. Ahora acabo de montar una empresa, y creo que es lo mejor que he podido hacer. -¿Ahora se encuentra bien del todo? -Mejor que nunca, es que no me reconozco. Parece algo lejano, un mal sueño. Tengo muchas ganas de trabajar, de vivir. Ahora me levanto con ganas de hacer cosas, me siento viva, y eso antes era algo imposible. De todas formas, durante mi depresión, yo sabía lo que me estaba pasando, y quería salir de ahí como fuera, pero no era capaz. Siento repetirlo, pero tengo que agradecer mi vida actual a la dedicación y ayuda del doctor Nuñez, para mi, es mi salvador. Ojalá todas las personas que sufren depresión tuvieran la misma suerte que tuve yo. AGAD intentará que ocurra.