Los ingresos del último ejercicio se redujeron en 250.000 euros y la Iglesia pide ayuda a los feligreses Soplan vientos económicos adversos en la Iglesia, al menos para la diócesis viguesa. A tenor del último balance que ha hecho público, los religiosos han tenido que recurrir al socorrido apretón del cinturón. Cuarenta millones de pesetas (240.404,84 euros) menos de ingresos en números redondos han llevado a los responsables de la caja a pegarle un tajo a los gastos de personal en la misma cuantía.
02 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Aquella socorrida oración de «Virgencita, Virgencita que me quede como estoy», no se ha cumplido en la diócesis de Vigo, al menos en lo que se refiere a asuntos de dinero. Y eso que las últimas cuentas que hizo públicas la institución corresponden al año 2000, cuando todavía ni podía echarse la culpa al efecto Gescartera, ni la llegada del euro había provocado la caída en picado de las colectas dominicales... Los principales recortes en el capítulo de ingresos se produjeron en los apartados de «aportación de parroquias», que se redujo de 40 a 20 millones de pesetas (120.202,42 euros); Seguridad Social del clero, cuyo apunte pasó de 31 millones en 1999 a desaparecer en el 2000, y subvención a la actividad de los capellanes, que ha bajado tres millones de pesetas (18.030,36 euros). Los responsables ecónomicos de la institución han recurrido a engrosar las aportaciones del fondo común interdiocesano -siete millones más-, verdadero sostén de la diócesis, ya que de él llegan algo más del 80% de los ingresos. También han subido las aportaciones de los sacerdotes -un millón más-, y el capítulo «otras aportaciones», que ha pasado de 1,7 a 3,9 millones de pesetas (23.439,47 euros). Con todo, no queda más remedio que echar mano de las tijeras. El ecónomo, José Luis Portela, optó por cortar por lo sano en los gastos de personal -nóminas y desplazamientos-, que han pasado de 219 millones a 176. Pese a lo dicho, de las cuentas y las explicaciones del propio José Luis Portela en la revista Nuestra Iglesia, pudiera concluirse no sólo que lo imposible han sido capaces de superarlo con nota, sino que hacer milagros no resulta ajeno.