JUANMA FUENTES ANÁLISIS El líder del PSdeG-PSOE ha oficializado el relevo del dirigente vigués
29 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.ENOVACIÓN. Continuo descenso de votos. División del grupo municipal. Críticas de variados sectores sociales. Una amalgama de razones han movido al partido socialista a eliminar a Carlos Príncipe como candidato a las municipales del 2003 y quizás también como líder local del PSOE. Dos personas aparecen como claros muñidores de la operación; el principal, el diputado lucense José Blanco, número dos de Zapatero desde que llegó a la secretaría general del partido. El segundo, Emilio Pérez Touriño, secretario xeral de los socialistas gallegos. MOTIVOS DIVERSOS. Zapatero alcanzó la cúspide del PSOE con la renovación como bandera. En el caso de Vigo, la urbe gallega más poblada y la 13ª en el ránking español, se pensó que difícilmente lo encarnaba una persona con veinte años como concejal, de ellos cuatro en la alcaldía. En el plano electoral, ha sido dos veces candidato y en ambas ocasiones fue derrotado, llevando al PSOE a su peor resultado en 1999. Con este panorama para Príncipe ha resultado mortal la gira que Pérez Touriño realizó por Vigo el verano del pasado en vísperas de las autonómicas. En sus reuniones con diversos sectores, principalmente profesionales y económicos, escuchó todo tipo de críticas contra el líder local y claras reticencias de sus contertulios filosocialistas a incorporarse a un proyecto en el que Príncipe estuviera implicado. REBELIÓN MORTAL. Aunque el PSOE vigués ha sido una jaula de grillos en los últimos siete años, las demandas de relevo llegaron en el peor momento para Príncipe. Desde unos meses antes soportaba una rebelión de tres de sus concejales que todavía se tomaba entonces a chirigota. Pero estos tres, más tercos de lo que él imaginaba, ya habían mantenido una reunión con Touriño. Y sus quejas fueron confirmadas por vigueses con los que no tenían relación. A mayores, la ciudad está pagando ahora la gestión urbanística del tripartito en la que Príncipe fue alcalde. Las sentencias se suceden y aunque ahora aquel plan general de urbanismo no es reconocido por nadie, el fracaso en algo le salpica como también el éxito si el resultado hubiera sido otro. Y aunque en letra impresa no estuvo hasta la pasada semana, cuando La Voz publicó que un juez pretende procesar a Príncipe y a Villarino, no es imaginable que en el partido se ignorase este dato. Y mucho menos que no sea tenido en cuenta, pese a que para su ex concejala de Urbanismo haya estado aparejado con un ascenso en la lista autonómica. SEGUNDA ETAPA. Salvo sorpresas pasado mañana caerá el telón del primer acto, curiosamente en presencia del propio condenado. Ese día el comité federal del PSOE aprobará un reglamente que impedirá concurrir como candidatos en grandes ciudades a aquellos que hayan sido derrotados en dos ocasiones y con sucesivos descensos electorales. Al margen de otros posibles destinatarios, lo cierto es que parece un traje a la medida de Vigo. A partir de ese momento empezará a desarrollarse una segunda y crucial etapa. De una parte, el partido tendrá que dotarse de un candidato y, por otra, poner los medios para obtener un adecuado resultado en las municipales. Una vez eliminado Príncipe el voto de los vigueses tendrá la máxima relevancia para Touriño como impulsor del relevo. De haber seguido Príncipe su (hipotética) tercera derrota habría que anotarla en exclusiva a su cuenta de resultados. Con su eliminación, recuperar la alcaldía encumbraría a un Touriño que vio con claridad la necesidad del relevo. Por el contrario, otra bajada cuestionaría la medida adoptada por la dirección socialista. Un avatar muy parecido vivió el PP hace tres años: Cuiña se empeñó en jubilar a Manuel Pérez y el resultado electoral fue desastroso, algo que tuvo consecuencias para el conselleiro de Política Territorial. Sin ambages, los del 2003 serán los resultados de Touriño. Como no cabe imaginar que Príncipe esté por colaborar falta saber que pasará con la agrupación viguesa, hoy bajo su absoluto control. Militantes del entorno crítico se escandalizan sólo de pensar en una campaña con nuevo candidato y el partido todavía dirigido por Príncipe. En el caso del PP Cuiña no tuvo más remedio que pactar con Pérez, que obtuvo a cambio un acta de eurodiputado, pero Príncipe por ahora rechaza todo acuerdo. BLINDAJE INÚTIL. Haya o no segunda parte, es evidente que a Príncipe no le ha servido reforzarse en el partido (los ecos de su mayoría en la última asamblea están todavía recientes) ni tampoco encargar a su amigo Manuel Mella la redacción del programa electoral para el 2003. Salvo una intercesión celestial es claro que ha perdido su tour de force con el partido.