GENIALIDAD

La Voz

VIGO

ROBERTO RELOVA CRÍTICA MUSICAL

25 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

En pocas jornadas, en pocas veladas en la vida se puede llegar a comprender la auténtica esencia del arte, de la magia de la creación artística. Captar en tu corazón que el arte es mucho más que formas y sistemas, va más allá de una realidad, de una existencia que se torna feliz, amable. El concierto del pasado miércoles del gran pianista Luis de Moura en el Centro Cultural Caixanova fue sencillamente prodigioso. ¿La clave? Sinceridad, entrega, amor. Lo primero, antes de nada, es agradecer a Guillermo Brea el gran esfuerzo por invitar a Moura a tocar en la bellísima sala de conciertos del centro cultural Caixanova y felicitarle por la excelente programación del 2002. Luis de Moura sabía que se entregaba ante una difícil plaza llena de alumnos músicos y pianistas de todo el mundo, por eso dio lo mejor. Sin duda fue una noche en estado de gracia. La sonata número 32 opus 111 de Beethoven en do menor fue la revelación más noble de arte que he escuchado en toda mi vida, el mejor Beethoven que siempre soñé interpretado al piano. La genialidad de su autor resuelve llevar a cabo una sonata que nos traslada a puntos insospechados que conectan con la espiritualidad, con la esencia más frágil y desnuda del arte, con la abstracción. Su planteamiento se acerca al concepto de los últimos goyas o picassos: la verdad desnuda. El segundo movimiento de esta sonata juega con el contraste teatral, con la impresionante disolución de las melodías, con la búesqueda de lo inmaterial, y para ejemplo, el planteamiento del último motivo o la cuarta variación como llega a destruirse para alcanzar el brillo de las estrellas fugaces, para alcanzar la eternidad en un luminoso juego tímbrico. El mundo es hermoso gracias a creadores como Luis de Moura, que interpretó este movimiento flotando entre el público que, emocionado, no podía contener sus lágrimas ante el milagro de lo que estaba escuchando. Sus pianísimos imposibles se escucharon, el efecto tímbrico, los planos simbólicos, todo, todo estaba allí, con energía, con amor. Moura reinterpretó, nos llevó emocionalmente al mundo filosófico de Beethoven. El resto de las obras, Villa-Lobos, Listz, nos dieron la visión de lo que es un auténtico pianista en un recital: virtuosismo, pasión, talento, intuición, inteligencia. El público vivió entregado todo el recital, que recibió del maestro, ya agotado, tres bises. Roberto Relova es director del Conservatorio Superior de Vigo.