SIETE VECES SIETE
24 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.EL PATIO POLÍTICO LOCAL está que arde. Los dos teóricos partidos mayoritarios buscan candidatos desesperadamente. El BNG y los Progresistas Vigueses tienen claro su cartel. Repiten Castrillo y Soto. Su drama reside en que sus destinos dependen de lo que suceda en la acera contraria. El BNG se mantendrá en el poder dependiendo de la suerte del PSOE. Soto podrá ser bisagra o desaparecer en función de lo que acontezca con el PP. En el PSOE, ya saben, Príncipe lucha denodadamente por seguir. Ahora ha encargado unas encuestas a medida. Quiere saber cuantos lo aman y con ese arsenal (que aguarda que sea abrumador), como el cardenal Cisneros, decirle a los patrones: «estos son mis poderes». Eso, después de que su militancia virtual haya sido puesta en tela de juicio por tirios y troyanos. EN EL PP NO HAY MEJOR ambiente. Ahí someten a juicio a todo nombre que salta a la palestra. Destronado Juan Corral, sustituido por un Chema Figueroa, aparentemente incombustible y sin ambiciones, el juego parecía distribuirse entre Pablo Egerique y Enrique López Veiga. Sin embargo, de pronto aparece el peligro amarillo con sonrisa de mujer. Corina Porro, conselleira, con buen cartel y amplio respaldo ciudadano. De nuevo una mujer que, ante la manifiesta renuncia de López Veiga y Egerique, podría contar con el respaldo del patrón Fraga. Ya nadie se acuerda de Carmen Bianchi ni de otras maniobras orquestales, pero hay quien asegura que están en la sombra. Corina parece la mejor posicionada para que esa sinfonía y otras no suenen. No obstante, descartado el conselleiro López, existe un conselleiro que desea que otro conselleiro juegue al poder de Vigo y ahí salta un nuevo nombre, José Manuel Diz Guedes. Como se ve, entre conselleiros anda el juego de los conservadores. Pero los locales no parecen dispuestos a dar la callada por respuesta a los designios de Compostela y, mucho menos, dejar que las pasadas ingerencias de algún poncio se repitan, con fichajes inadecuados, por ejemplo. Incluso algunos dicen que el cartel debe ser para «quien se trabaja el voto desde el municipio día a día». Hay, por tanto, juicios para todos. Y SI NO EXISTEN, SE PIDEN esos juicios a medida. Vean, si no, el asunto de Rosalía de Castro. Dos sentencias, de las más altas instancias judiciales, han declarado nulo el proyecto y su ejecución. Pues desde el Ayuntamiento ya se está trabajando para maquillar una actuación urbanística presuntamente ilegal y a la que se le buscan hasta antecedentes. El caso es librar de responsabilidades a quienes actuaron de modo, al menos, imprudente. En esta actuación existen responsabilidades políticas y puede que generen una quiebra económica de 6.000 millones de pesetas al fondo común de todos los vigueses y muchos quebraderos de cabeza a particulares y empresarios directa o indirectamente implicados. De nada servirá que Soto pida la dimisión de Príncipe y Dolores Villarino, ni de que los jueces juzguen y dictaminen. De nada serviría que dimitieran. A los ojos del ciudadano sólo se transmite una sensación y una vieja sentencia: «hecha la ley, hecha la trampa». Y aquí paz y luego gloria. Y a la gloria parace que por fin se nos fue Villarino dejando estos entuerto y los insufribles angelotes que ya adornan nuestra Navidad.