CLÁSICOS CON VIS CÓMICA

La Voz

VIGO

A. MÉNDEZ CRÍTICA MUSICAL

29 oct 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El pasado sábado, el festival Are More nos brindó la ocasion de escuchar a una de las divas actuales de la escena internacional, la brillante soprano italiana Eva Mei, un debut muy esperado en Galicia, ya que hace dos años no pudimos disfrutar de su arte en A Coruña. Junto con el barítono Bruno Praticó y acompañados por la pianista Rosetta Cucchi, regalaron una divertida velada con canciones y dúos de Rossini, Donizetti y sorpresa final. Ambos cantantes exhibieron sus mejores armas para enfrentarse a los pentagramas del genio de Pesaro, mostrando dos aspectos diferentes pero complementarios del rico canto rossiniano: el virtuosismo desplegado con total facilidad por Mei contrastó con el discurso cómico, habitualmente destinado al barítono buffo, categoria en la que se encuadra el simpatico Praticó, quien tuvo ocasión de ir «haciendo paladar» con su vis cómica en el Aria de Filippuccio, la Cancion del Bebé y La partenza. Por su parte, Eva Mei, favorita de las más prestigiosas salas de concierto, resolvió de manera impecable la Pastorella delle Alpi, La Partenza y se mostró muy expresiva en el ciclo de canciones en dialecto veneciano La Regata Veneziana. La cantante posee una voz de lírica coloratura, manejada con pasmosa facilidad, de timbre diamantino, bello y homogeneo en toda la extensión, con una capacidad asombrosa para regular el volumen, para los filados en pianissimi, magnificamente apoyada y emitida como un rayo de luz, que corría maravillosamente por la nítida acústica del Fraga. Fue Rosetta Cucchi quien elogió, junto con los cantantes «la magnífica acústica de la sala», incluso mejorada este año con la nueva caja acústica que proyectaba mejor el sonido desde el escenario. La segunda parte se abrió con los conocidos dúos de L''elisir d''amore y La Fille du Régiment, vehículo ideal para el lucimiento de los dos cantantes. A continuación dos piezas para piano de Pecados de Vejez de Rossini, expuestos con brío por la pianista, que también dió muestras de su humor regañando al barítono o dirigiendo marcialmente al dúo. Las piezas al piano dieron tiempo a la pareja de cantantes a caracterizarse para la «traca final»: aquí se rompieron todas las convenciones porque los divos lucieron palmito -¡vaya palmito digno de maggiorata!- y opulentas redondeces por arrobas. No se les puede negar ganas de divertirse a estos comediantes natos que, apoyados en el disfraz, disfrutaron con la última escena. Después, los cantantes, agradecidos, regalaron dos bises rossinianos donde volvió a destacar la brillante exposición con que Eva Mei recreó La Danza. ¡Y que siga el espectáculo!