Un rey de incógnito

La Voz

VIGO

ÓSCAR VÁZQUEZ

El carácter privado de la estancia del monarca en Baiona limita su presencia en público a las horas de competición Se le esperaba por tierra o por aire, pero el monarca sorprendió a todos los que le aguardaban a la entrada del Parador de Baiona desembarcando en un pantalán del Club de Yates y ante, aparentemente, pocas medidas de seguridad. Sólo Yackie, un perro policía que olisqueaba más de la cuenta entre las mochilas de los periodistas, y algún que otro escolta con «pinganillo» y gafas de sol muy oscuras delataban la presencia «real» en el Club de Yates. El Rey participará durante todo el fin de semana en la Regata Príncipe de Asturias de vela pero no asistirá a ningún acto oficial. Su presencia tiene un carácter totalmente privado.

06 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

M.S.D. VIGO El trasiego del gerente del Club de Yates, Carlos Moreno, pantalán arriba, pantalán abajo, durante las horas previas a la llegada del Rey era la mejor advertencia, todo tenía que estar perfecto. Y lo estaba, aunque Moreno no podía evitar los nervios de un acontecimiento tan «Real». «Claro que tenemos experiencia, no es la primera vez que viene El Rey, pero es algo que no puedes evitar, ante estas cosas siempre te sientes principiante». Las autoridades, impecables Pero todo salió bien. A los pies del yate de Rodman que condujo al monarca a Baiona aguardaba el alcalde, Benigno Rodríguez, que estaba hecho un manojo de nervios, aunque eso sí, con la corbata roja bien anudada y el traje de los acontecimientos importantes. «Es todo un honor para Baiona que El Rey respalde con su presencia y su participación la Regata Príncipe de Asturias», afirmaba orgulloso. Junto a él, el presidente del Club de Yates, Rafael Olmedo; y el comodoro, Estanislao Durán, hecho un brazo de mar, con americana azul marino cruzada con botones dorados. En el muelle, el que más y el que menos sacaba brillo a la cubierta de su embarcación mientras echaba un vistazo de refilón a lo que estaba aconteciendo en tierra: las carpas dispuestas al aire libre para los refrigerios de los participantes en la regata; las embarcaciones perfectamente alineadas; hasta el sol, se hizo cómplice de la situación y brilló con una intensidad que ya quisiera para sí la Bahía de Palma. Entre los barcos amarrados en los muelles, el Caixa Galicia, el Espiritu Santo y el Bribón, que patronea El Rey y que hizo su entrada en puerto a las cinco de la tarde. Mientras todo esto sucedía dentro del Club de Yates, fuera la expectación se concentraba en la playa. Los bañistas tuvieron una vista privilegiada de la llegada del Rey, aunque la discrección del acontecimiento hizo que mucho siguieran tumbados al sol y ni se enteraran de que en el barco que había pasado por delante viajaba el monarca. Expectación en la calle A la entrada del parador, grupos de personas (no muy numerosos) se concentraban a la espera de que hiciese acto de presencia el monarca. Pero El Rey ya no saldría del recinto, ya que tras la recepción, fue agasajado con una cena en el parador. Esta mañana, está previsto un desayuno en el Club de Yates, al que no es muy seguro que asista el monarca. Su presencia se espera en torno a las once de la mañana en el pantalán donde permanece amarrado el Bribón, para su salida en la primera jornada de competición.