Los jóvenes son más imprudentes y «a veces hay que llamarles la atención», dice un veterano obrero naval Llegan al filo de la mañana a la grada. Son más de 8.500 en la ría de Vigo. Trabajan para 68 astilleros y empresas auxiliares del sector naval. Conocen los riesgos de estar dentro de una gigantesca panza de acero que a veces sufre flatulencias mortales. A pesar de ello, y de las medidas que toman las empresas y la Administración, en ocasiones se producen desgracias. «Los jóvenes son más imprudentes y a veces hay que llamarles la atención», cuenta Juan José Rodríguez, veterano trabajador del astillero Barreras y miembro del comité de empresa. El mayor peligro está en las reparaciones. Los barcos llegan cargados de fuel y de gases.
23 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.«Estás trabajando sobre el alambre», afirma Juan José Rodríguez, con mucho oficio a sus espaldas. «La gente veterana sabe lo que pasa» y no incurre en las imprudencias de los más jóvenes que a veces desafían el peligro de forma un poco temeraria y hay que advertirles. Las reparaciones son más arriesgadas porque los barcos llegan con combustible y emanaciones. A veces se acumulan en recovecos difíciles de detectar. La proa es especialmente peligrosa. En los astilleros hay detectores de gases pero «a veces se estropean o rompen» y los chivatos no están donde deberían. Rodríguez dice que «en ocasiones los trabajadores se dejan llevar y no prestan tanta atención como deberían». «Ahora se extremarán las precauciones durante unos meses, pero más tarde se volverá a bajar la guardia. Es lo que no puede ocurrir.