UN CORO DE GOSPEL ATÍPICO

La Voz

VIGO

M. MORALEJO

BEGOÑA R. SOTELINO EN DIRECTO

10 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Los Golden Gospel Singers tienen de cantantes de gospel lo que Calimero de pollo optimista. Estos «pavos» de Harlem, que cantaron la noche del jueves en el auditorio de Castrelos, tienen buenas voces (sin ser excepcionales, a excepción, valga la redundancia, de la mayor de las mujeres de la formación). Pero las desperdician en convertir su espectáculo en un chow sin coherencia a base de mezclar demasiadas cosas en la coctelera. Al final no sabe a qué sabe. Si voy a un concierto de gospel, es porque quiero oir gospel. Y no que me canten el Amazing grace a ritmo de rap, o When the saints go marching on como si fuera un tema en la onda caribeña de la banda sonora de La sirenita. Es como si voy a ver a Deep Purple (es sólo un suponer), y me regatean hasta el final el Smoke on the water y aún por encima me la brindan en versión Filarmónica de Londres. Es como si voy a ver una película de Chevy Chase y me divierte tanto como una de Bergman. Como si me voy a una exposición de Tapies y me encuentro con que ahora pinta marinas y jarrones de flores. Qué chasco. A fuerza de querer resultar simpático, el líder del grupo, Bob Singleton, resultaba bastante cargante. Un poco plasta. Su exagerado peloteo con Vigo (que escasos americanos situarían correctamente en el mapa, ni siquiera en el mapa de Europa), fueron de agradecer, pero poco creíbles. Los miembros de la banda disfrazados de coro gospel no aguantaron más que hasta la mitad del concierto para quitarse las túnicas y convertirse en una orquesta pelín pachanguera. Sólo que ser pachanguero norteamericano no es hacer versiones de Georgi Dann, sino de soul, de rap y del pop menos inspirado de Michael Jackson, como Heal the world. Tampoco saben mucho estos músicos sobre el clímax. Cuando ya tenían a la gente metida en el bolsillo (la primera parte fue la más auténticamente gospel), se marcharon a los camerinos y una voz anunció por megafonía que comenzaba un descanso de ¡veinte minutos! Take it easy, man. Esperaba una conversión en masa. Una conjunción celestial de aleluyas. Un levantamiento de almas gritando: «sí, creo, ¡milagro!». Pero en conjunto, y a pesar de resultar entretenidos, esforzados y generosos con la audiencia, los Golden Gospel Singers fueron un poco decepcionantes. Y todo por querer ser más que un coro de música divina.