OLAYA FERNÁNDEZ GUERRERO EN DIRECTO
28 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Ana Belén y Víctor Manuel esperaron hasta el final del concierto para sacar lo mejor de su repertorio. Como si de las bodas de Canaán se tratase, el célebre dúo de cantantes aburrió a las más de diez mil personas que se apiñaban en el auditorio vigués de Castrelos con «botellas de mal vino», esto es, con una sucesión de turnos de interpretación que más se parecían a los horarios de los vigilantes nocturnos, con todos los respetos para este colectivo, que a un recital musical. Cada uno de ellos cantaba dos canciones y luego se retiraba del escenario, y así durante dos horas. Sólo los que eran muy fans de ambos artistas disfrutaron del concierto. Los demás bostezaban sobre las sillas mientras murmuraban «A ver si cantan la de la puerta de Alcalá». Pero la madrileña puerta no se abría ni a la de tres, y Ana Belén y Víctor Manuel se liaron a cantar canciones de sus últimos discos Boda escénica al final Cuando el concierto tocaba a su fin, llegó el tan esperado «vino bueno», aunque esta vez sin intervención de ningún Cristo milagreiro, y los dos cantantes hicieron por coincidir sobre el escenario al tiempo que sonaban los acordes de Contamíname. En ese momento, el público vigués comenzó a aplaudir siguiendo el ritmo de la canción, quizá emocionado por los familiares recuerdos del tubo de escape y del vertedero de basura, evocados todos ellos por el tema musical que interpretaba la pareja. Y justo cuando el fervor del bodorrio escenográfico rozaba las cotas más altas, se apagaron las luces y los músicos recogieron sus bártulos e hicieron mutis por el foro. Pero el público vigués, una vez despierto, quería más, así que la adorable pareja de cincuentones reapareció en escena y, entonces sí, le tocó el turno a Asturias, al Abuelo picador, el Derroche y La puerta de Alcalá. Y con la de La muralla, animada por la vorágine constructora, Ana sacó una pandereta para hacerle los coros a su marido. Al final, Ana Belén y Víctor Manuel, que se habían pasado todo el concierto separados por una franja de tierra de nadie de dos o tres metros de ancho, se arrimaron un poquito y se marcaron un bolero. En las bodas de Canaán, según cuenta la Biblia, el buen vino y el baile duraron más tiempo.