BEGOÑA R. SOTELINO CRÍTICA La cantante israelí exhibió en Vigo una gran voz malgastada en composiciones poco brillantes
13 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Noa cantó por primera vez en Vigo la noche del jueves y parecía que el público estuviera esperándola desde hacía mucho tiempo. Nada más salir a escena, la audiencia que llenó el teatro del Centro Cultural Caixanova le regaló una ovación sin haber mediado antes ningún intercambio de artes más que el de la pura simpatía. La mayor parte del repertorio de la artista estuvo formado por las canciones de su tercer álbum, Blue touches blue, en el que la vocalista se ha acercado por primera vez en su discografía hacia sonidos más occidentales en busca de mayor tirón comercial. El resultado es irregular. Por una parte, con la línea melódica ha conseguido ganar seguidores, pero sus temas facilones, en una línea folky años 70 recordando el espíritu flores en el pelo, no son más que meras «inspiraciones» en melodías ajenas que suenan a demasiado conocido. Tan familiares que no se sabe si está haciendo una versión o es un tema original. Lo que no se le puede negar es la versatilidad, porque la Noa de la gira Blue touches blue se impregna unas veces del estilo Joan Baez, otras de James Taylor, otras de Barbra Streisand y cuando más brilla es cuando se decanta por los ritmos orientales sin parecerse a nadie. Cuando desborda talento es cuando cuando puede lucir su dúctil voz interpretando canciones como Morning, en hebreo, o Dala dala, en lengua yemení. Y los momentos más sugerentes del concierto surgieron cuando Noa se puso tras los bongoes realizando una exhibición de ritmo y energía. Además, el lenguaje de sus manos juega tanto en el espectáculo como los sonidos que salen de su garganta. Su banda es pequeña pero efectiva. Gil Dor a la guitarra y Zohar Fresco, todo un mago de mil dedos a la percusión, componen con ella un trio integrado. Otra de las bazas que sabe utilizar es la comunicación con la audiencia. Noa, dicharachera y charlatana, hizo intentos bien logrados por hablar en castellano y prometió que el año que viene aprenderá, al menos, un par de frases en gallego. La cantante no se olvidó de su amigo vigués Carlos Núñez como posible profesor, pero el internacional gaiteiro -al que dedicó cariñosas palabras- no estaba entre el público ya que no estaba en su ciudad, aunque sí parte de su familia. Hacia el final del recital, Noa se puso seria. No pudo evitar hablar de la situación política de su país y recomendó al público que no se creyesen las noticias que leen en los diarios. Hubo aplausos. ¿Ningún simpatizante de la causa palestina entre el público? Cada vez más, la seriedad se fue tornando en emotivo misticismo para culminar el asunto con un Ave María de contenido pacifista. Y como punto final de su alegato prosionista, cerró el concierto con la interpretación de su tema más popular, la canción principal de la película La vida es bella.