Castrillo cubre hoy la agitada primera mitad de su mandato, que deja para el recuerdo tantos proyectos como polémicas Hace exactamente dos años, Lois Castrillo tomaba posesión como el primer alcalde nacionalista en la historia de Vigo. Han pasado 24 meses, 370 días y muchas, muchísimas cosas. Todo comenzó con un gobierno en minoría del BNG: ocho concejales de un total de veintisiete. Luego llegó un pacto «sui generis» desde el primer momento. A partir de ahí, las fotografías que quedan para el recuerdo bien podrían repartirse entre las inevitables polémicas de una ciudad siempre viva y los proyectos y promesas que ha puesto en marcha el gobierno local. De ahora en adelante queda otro tanto y el veredicto de los vigueses.
02 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.No es fácil condensar en pocas imágenes dos años de la agitada vida municipal. Hay algunas claras, que suponen un punto de inflexión: Castrillo cogiendo el bastón de mando y ofreciéndoselo a los vigueses o, por ejemplo, BNG y PSOE pactando la coalición. Otras están cargadas de significación: Fraga realizando su primera visita oficial al Concello y observando cómo le van a tratar los nacionalistas con poder o bien los bomberos protagonizando la primera movilización contra la alcaldía. También hay imágenes significativas y amables al mismo tiempo: el programa Noites Vivas como alternativa a los ruidosos pubs del Casco Vello para la juventud; el ansiado Palacio de Congresos en Casa Mar, uno de los varios proyectos en marcha; o la recuperación del litoral, simbolizada en la playa de A Guía, en Teis. Y si el gobierno ha tenido sombras, que le pregunten a la oposición. El PP aún no ha digerido la debacle electoral. Egerique se hizo con las riendas del partido y, uno tras otro, los cuatro primeros de la lista fueron abandonando sus puestos en el Concello.