El Breadouro, un canto a la «discreción»

La Voz

VIGO

ÓSCAR VÁZQUEZ

CRISTINA LOSADA REPORTAJE El Ayuntamiento amenaza con cerrar un local emblemático del Vao

10 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

a injusticia siempre hiere y repugna. Y cuando se comete con alguien o algo cercano y querido, más. Entonces, dan ganas de montar bronca. El Breadouro es un bar tranquilo, sito junto a la playa del Vao. Es uno de los pocos bares de esa zona que ha optado por la discreción, por la sobriedad, por una simbiosis con el entorno. No es extraño, dado lo que hay por ahí, que tenga una clientela fiel; gente que va a charlar, a leer, a escribir, a contemplar. No es extraño que nos sea querido a los que buscamos algo distinto al bar masificado, cementáceo, plastificado y ruidoso. El Breadouro es un refugio, una excepción; lo excepcional sufre ataques; no ser como los demás, ser diferente, atrae la cólera de los humanos demonios. Hace poco, llegó al bar el aviso de que se le había abierto expediente por falta de licencia y que debía cerrar. Los dueños no hicieron mucho caso; tienen licencia, sentían que la razón estaba de su parte. Después llegó la policía, desalojó a los clientes y ordenó pechar. Los dueños quisieron filmar el acto en vídeo, pero los agentes, reacios, parece, a esa forma de inmortalización, les arrojaron la cámara al suelo. El bar estuvo unos días cerrado, luego volvió a abrir. La licencia está ahí, expedida en 1976. ¿Entonces? ¿Cómo se les puede abrir expediente? Pues prejuzgando que el bar no es un bar, sino un restaurante. Urbanismo ha abierto un expediente a un restaurante Breadouro que si no tiene licencia es porque no existe. El Breadouro es un bar café, como tal se anuncia, y su oferta de tapas y raciones es del estilo de la de miles de baretos y chiringuitos de ésta y otras costas. Claro que se puede comer de tapas, al menos, por ahora, en este país, publicitado reino del tapeo, pero todos sabemos qué es un bar y qué es un restaurante. La injusticia lo es por partida doble. De un lado, un expediente por carecer de una licencia que no necesitan; de otro, que en tanto que se tramita, se les obligue a cerrar: el acusado es culpable, mientras no demuestre su inocencia. Parece que con los bares, Urbanismo no se anda con chiquitas. Curioso, tanto celo en una ciudad donde se admiten de facto miles de ilegalidades, algunas de tamaño imponente. Pero cuanto mayor es la infracción, menor el castigo, y viceversa. El mensaje: si se salta la ley, hágalo a lo grande, si no, es presa fácil. El expediente al Breadouro se ve tan oscuro como la sustancia de la que el bar toma nombre. Puede tratarse de un error o de algo menos cristalino. Los dueños del Breadouro han ganado un pleito a sus vecinos, tambien propietarios de un bar, que tendrá que cerrar. Quizá alguien quiere cortar dos cabezas de un tajo, la culpable y la inocente. Quizá haya logrado filtrarse un aliento vengativo por alguna cañería. El caso es que el Breadouro, espacio acogedor, está en peligro, y dan ganas de montar bronca.