BEGOÑA R. SOTELINO CRÍTICA
16 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El histriónico, el loco, el genio Dalí, muere y vive con sus fantasmas y obsesiones en el último montaje de Els Joglars. El espectáculo, que arranca sin fuerza, alcanza de repente una aceleración de cero a cien cuando empieza a desatarse el delirio crítico de la compañía catalana dirigida por Albert Boadella. Sirviéndose y haciendo uso ácido de las opiniones del pintor, en la obra caen dardos envenenados que hacen diana sobre cuestiones incuestionables de la sociedad contemporánea. El Daaalí recreado por Els Joglars, grandilocuente y elocuente, megalómano, provocador y políticamente incorrecto, repasa sobre el escenario el universo del artista, sus filias y sus fobias: su devoción por Lorca, su dependencia de Gala, su devoción por Velázquez, la religión, los periodistas, y, sobre todo, los pintores. Tápies, Mondrian, Kandisnky y Rothko representados por cuatro payasos en la acepción más peyorativa del término, Picasso en versión marioneta manejada por los marchantes, o Miró encarnado en una niña juguetona, cursi e inquieta, dibujante de mente infantil, son algunos de los creadores vapuleados por la lengua imparable del controvertido protagonista. Daaalí es además de un generador de humor libre de mordazas, es un montaje también espectacular que combina una escenografía sobria con la efectiva utilización de una pantalla gigante de proyección que permite al espectador acceder a la ilusión de la pintura al instante y a las imágenes de la vida real del artista. Y Ramón Fontseré, Daaalí, a su altura. Genial. BEGOÑA R. SOTELINO es periodista