La complejidad que supone el hecho de vivir y trabajar en el mismo sitio (es decir, a bordo de un pesquero) -al margen de los problemas de convivencia, aislamiento o peligrosidad- dan como resultante la imposibilidad de participar en una huelga. De hecho, las huelgas registradas en un caladero acarreando redes son excepcionales, y mayormente son paros realizados por los propios armadores en demanda de la solución a algún conflicto pesquero. Los únicos y escasos conflictos en el sector se han registrado mayoritariamente en tierra, en casos como los contados paros del sector marisquero, en algunas flotas de litoral, cerco o atuneras, fundamentalmente por episodios derivados de controversias por el uso de aparejos prohibidos por parte de otros buques, por asuntos de tallajes o medidas oficiales de las especies, así como por la invasión de concesiones territoriales para la pesca o el marisqueo a pie. Por ejemplo, la nueva normativa para la captura del pulpo en Galicia originó varias huelgas, traducidas como permanecer en tierra sin salir a faenar. Y ni siquiera fue mayoritaria.