Juan y Cecilia, una pareja de octogenarios, contrajo ayer matrimonio eclesiástico en la iglesia de Bembrive ¿Quién dijo que la tercera edad es tiempo de iniciar el repaso, de deambular por los parques, de jugar a la brisca o de cuidar a los nietos? Juan y Cecilia, una pareja que suma 161 años, demostraron ayer que esa edad, a la que se ha dado tantos nombres, se puede dedicar a proyectos comunes y, sobre todo, a la ternura, algo para lo que, creen, siempre hay tiempo. La pareja, que convive en la residencia asistida del Meixoeiro, celebró su enlace eclesiástico, seis años después de contraer matrimonio en el juzgado.
07 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Han pasado once años desde que Juan, un administrativo y marino ferrolano afincado en A Coruña, llegó con su mujer a la residencia de inválidos de Vigo debido a la minusvalía que ésta padecía como consecuencia de una embolia. Poco tiempo después, la esposa solicitó la separación y abandonó a su marido y el centro. Fue en esta misma residencia donde Juan Vázquez conoció a Cecilia Elvira, una viuda viguesa, «encantadora» aquejada de Parkinson, con la que se casó en el juzgado hace seis años. El fallecimiento de su primera esposa el pasado mes de junio les ha permitido ahora celebrar la boda eclesiástica. El enlace, se celebró en familia en la iglesia de Bembrive, con los hijos y nietos de Cecilia, por la que Juan dice sentir «gran cariño y respeto». Después vino el banquete en un restaurante próximo. Como cualquier boda que se precie, no sólo no faltó la luna de miel, sino que fue por lo primero que empezaron en una residencia de tiempo libre, en Panxón. Y para completar la ceremonia, padrinos de excepción: el director de la residencia y la hija de Cecilia. Nervioso, como si fuera la primera vez, Juan pedía que no se interrogara a la mujer para evitarle pasar un mal rato.