Fue el último gran intento de alcanzar el dorado, un dorado con nombre de Segunda División que se le sigue resistiendo al filial del Deportivo. El Fabril logró el pasado domingo el ascenso a Segunda División B y hace apenas nueve años lamentaba el que hasta ahora ha sido el último gran intento de alcanzar la división de plata.

Ocurrió en la temporada 2007-2008, el Fabril se plantaba en la Segunda División B como un recién ascendido procedente de Tercera. En ese ascenso, origen de una temporada que acabaría siendo sobresaliente, ya había una base de jugadores que conformaron luego el esqueleto de un equipo que acabaría cuarto en el Grupo I de Segunda B. Nombres como Fabricio Agosto, Juanan, Álex Bergantiños, Ivan Pérez, Herbert o Rubén Rivera.

En ese curso en Segunda B, lejos de pagar la novatada y la falta de experiencia en la categoría, el Fabril de Tito Ramallo se mostró como un equipo solidario, sobrio en defensa pese a su juventud, trabajador y sacrificado en el centro del campo y dinámico y vertical en ataque. En la portería estaban un jovencísimo Fabricio Agosto y Manu Fernández, ambos se repartieron los minutos durante toda la temporada. Comenzó jugando el canario, exhibiendo las grandes cualidades que le han permitido llegar a alcanzar la titularidad en el todopoderoso Besiktas turco.

Una de las claves de aquella temporada fue la defensa. Ahí empezó a asomar un joven Laure recién llegado del Leganés que se asentó como lateral derecho, así como dos centrales como Juanan y Piscu que mostraron desde la primera jornada un altísimo rendimiento como pareja de centrales. Incluso, el propio Piscu fue reclamado por el primer equipo de Miguel Ángel Lotina con asiduidad esa temporada, dadas sus buenas actuaciones.

La primera parte de la temporada fue monumental. El filial herculino acabó la primera vuelta como líder, por delante del Pontevedra, con unos números espectaculares de diez triunfos, ocho empates y solo una derrota. La clave, los apenas siete goles encajados en esa etapa de la competición. Gran parte del secreto de ese Fabril estaba en su mediocampo, en una pareja de mediocentros que era capaz de dominar, imponerse y remangarse según lo pidiese el partido. La pareja formada por Pita y Álex Bergantiños se adaptó como un guante a la Segunda B y su enorme lectura táctica se complementaba a la perfección con la línea de tres mediapuntas en los que eran habituales gente de mucha calidad técnica como Iván Pérez, Borja Facal, Iván Carril, José Arenas o Nacho Matador.

Un goleador desconocido, Lassad

Solo había un pequeño pero en ese Fabril, que adolecía en algunos partidos de falta de gol, pese a contar esa temporada con dos delanteros puros de área como Rubén Rivera y Aridane. Así, en el mercado de invierno llegó al filial un desconocido Lassad Nouioui. El delantero debutó en el mes de febrero en un duelo ante el San Isidro en el que anotó un doblete en apenas quince minutos sobre el campo. De ahí a final de temporada el francomarroquí se convertiría en la principal referencia ofensiva del Fabril, firmando nueve goles en apenas diecisiete partidos.

Sin embargo el tramo final de la temporada se le hizo muy largo al Fabril. Tras dominar el campeonato con cierta autoridad durante gran parte de la primera vuelta, los de Tito Ramallo abandonaron el liderato en la jornada 27 e incluso llegaron a alejarse de los puestos de play off de ascenso. Un gol de Nacho Matador en Riazor, en la última jornada ante el San Sebastián de los Reyes daba al Fabril el billete para luchar por el ascenso a Segunda.

En esa fase de ascenso el bombo emparejaba al filial con el Écija, que había acabado como líder imponente en el Grupo IV encabezados por jugadores de la talla de Luna, el gallego Fernando Seoane o un imberbe Nolito. En la ida en Riazor, el Fabril hizo gala de una enorme pegada y se llevó un valioso triunfo (1-0) merced a un cabezazo de Lassad al borde del descanso. El Écija tuvo grandes opciones de igualar el partido, pero los de Tito Ramallo supieron resistir.

La pesadilla de Écija

Ya en la vuelta fue otra historia. El Écija pasó por encima de un Fabril superado por el asfixiante calor y la presión de un rival que goleó a los canteranos por un inapelable 3-0, con goles de Pepe Díaz, Requena y Luna. Pese a contar con un hombre más durante gran parte de la segunda parte, los herculinos nunca tuvieron opciones de pelear el triunfo local.

Era el contundente y triste epílogo a una temporada para enmarcar, el último gran intento de auparse al olimpo de Segunda. Desde entonces el Fabril no ha vuelto a asomar por la parte alta de la Segunda B.

Ahora, como entonces lo hicieron Tito Ramallo y los suyos, Cristóbal Parralo y sus jugadores se han ganado la oportunidad de escribir otra bonita historia del Fabril en la división de bronce. Para ello tienen ejemplos recientes en los que fijarse, en la propia plantilla del Deportivo Laure y Álex Bergantiños se mantienen en la élite como legado de aquel último gran intento del Fabril por ser de plata.

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El último gran sueño quebrado del Fabril