No se vayan todavía, aún hay más


Llegó el Celta B a Riazor, se llevó los puntos y parecía que aquel humillante resultado era síntoma de haber tocado fondo. Pensó que la cosa no podía ir a peor. Entendía que sí, que un relevo en el banquillo podía dar un impulso al equipo. Pero al mismo tiempo se decía que tan mal había ido la cosa que, incluso sin ese cambio, el equipo tenía que mejorar sí o sí.

Pasaron las Navidades y llegó el partido de Zamora. Esos días de familia le hicieron volver a ilusionarse. Miró el calendario y la clasificación y se dijo: «Hoy retomamos la senda de los buenos resultados. Una victoria esta tarde y todo arreglado». Pero ese día vio un partido peor que el del Celta B.

La derrota se llevó por delante a Fernando Vázquez y trajo a Rubén de la Barrera. Un cambio radical a todos los niveles. El resultado, 20 minutos de esperanza en Salamanca y otros 70 de más desesperación. Pero se aferró a ese inicio de partido. Pensó que el técnico coruñés necesitaba tiempo para trasladar su idea a sus jugadores y se puso ya a pensar en el duelo contra el Compos. Ahí sí que ya no fallamos, se dijo.

Se acercó un par de mañanas a ver el entrenamiento desde la verja de Abegondo y le gustaba lo que veía. Que se preparen los de Santiago, que se llevan 3 mínimo. Pero lo que se llevaron fueron 3 puntos y no 3 goles. Nueva daga en el estómago. Pero, casi sin querer, volvió a pensar que era imposible hacerlo peor. Así que se convenció de que el partido era el del Unionistas.

Y ese día disfrutó como hacía tiempo que no lo hacía. Vio un Dépor que quería mandar, con las ideas claras y que solo le faltó el gol. Muchos minutos sin marcar. Pero venía de tan abajo que ya veía que, por fin, el equipo había pillado la ola buena.

Los siete días antes de Coruxo se le hicieron eternos. Ver entrenar a ese equipo le alucinaba. Ahora ya estamos donde siempre quisimos. Ya nadie nos va a parar.

Noventa minutos de juego después vio que todavía había un ir a peor que tras el Celta B, Zamora, Salamanca, Compostela... y se acordó de aquella frase de despedida de los dibujos animados. No se vayan todavía que aún hay más. Porque ahora, ya piensa que sí que puede haber algo peor que Coruxo. Guijuelo en Riazor. Porque quizá esto ya no vaya ni de cambios de entrenador, ni de toques de atención, ni de ruedas de prensa, sino que va de jugadores, hambre y concentración.

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