El acordeón de Fernando Vázquez

El técnico deportivista cambió varias veces su esquema táctico en el partido contra el Las Palmas para protegerse y atacar al rival según le convenía en cada momento


No solo tiene varita. También hay pizarra detrás. Fernando Vázquez, el principal artífice de devolverle la autoestima al deportivismo con su sola presencia, volvió a demostrar el sábado durante el duelo contra el Las Palmas que detrás de las seis victorias consecutivas hay mucho más que un impulso anímico. Contra los canarios, sorprendió al rival con un dibujo táctico acordeónico, que fluctuó según sus intereses, si quería protegerse o atacar a un rival que para nada le puso las cosas fáciles.

De un 1-5-4-1 a un 1-4-2-3-1, en el que Mollejo actuaba de carrilero o de extremo, Montero le acompañaba de central o de lateral y Çolak de interior o mediapunta. Todo, con los mismos once jugadores en el campo, sin necesidad de hacer ningún cambio.

 

Una partida de ajedrez con Mel

El Las Palmas cambió en Riazor su sistema habitual. Pepe Mel salió de inicio con tres centrales y su equipo lo cierto es que dominó los primeros minutos. «Me sorprendió relativamente, porque tenía alguna información de que lo habían estado trabajando durante la semana», reconoció Fernando Vázquez en sala de prensa, tras el partido. Los isleños consiguieron tener superioridad numérica en la medular y Srnic, Fede Varela y Tana combinaban con soltura en el flanco izquierdo deportivista, buscando continuamente las cosquillas a un Mollejo que no contaba con el apoyo de Çolak. «No me gustaba cómo estaba el partido, nos costaba combatir las situaciones que generaban y cambiamos, pasamos a jugar un 4-2-3-1», agregó el entrenador del Deportivo, aunque sin llegar a especificar exactamente qué es lo que no le gustaba.

No iban ni quince minutos de partido y, de pronto, el de Castrofeito tomó dos decisiones. Primero, varió el sistema, y después, mandó calentar a Beauvue, Luis Ruiz y a Vicente. Pero no hizo falta aplicar medidas drásticas. Bastó con el movimiento inicial. Sabin Merino marcó y Mel renunció a la defensa de cinco, el esquema que tanto incomodaba a Vázquez. «Marcamos y decidí volver al sistema anterior», finalizó.

«¿Estamos jugando replegados? Sí, pero como lo están ahora mismo la mayoría de equipos en el fútbol nacional e internacional. Están ahí atrás y no pasa absolutamente nada», argumentó, para añadir posteriormente que precisamente es «la solución» que ha encontrado para detener la sangría de goles encajados.

Este Deportivo ya se mueve al ritmo del acordeón de Fernando Vázquez. Y Riazor lo goza.

El fenómeno Fernando Vázquez entre los jóvenes: herederos sin testamento

Nacho Álvarez

Estos días asistimos a la consolidación de Fernando Vázquez como un ídolo de masas entre el deportivismo, en su segunda etapa al frente del banquillo. Su liderazgo ya no se limita el ámbito deportivo, para instalarse en un plano social que traspasa generaciones y es en este aspecto en el que, desde el punto de vista sociológico, este fenómeno suscita mi interés.

En una sociedad que tiende a sublimar la juventud y en la que una persona de 65 años suele percibirse como mayor, obsoleta y desactualizada, llama poderosamente la atención que cientos de adolescentes esperen su salida del estadio para despedirlo como a un héroe, querer fotografiarse con él y jalear sus consignas.

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