El fenómeno Fernando Vázquez entre los jóvenes: herederos sin testamento


Estos días asistimos a la consolidación de Fernando Vázquez como un ídolo de masas entre el deportivismo, en su segunda etapa al frente del banquillo. Su liderazgo ya no se limita el ámbito deportivo, para instalarse en un plano social que traspasa generaciones y es en este aspecto en el que, desde el punto de vista sociológico, este fenómeno suscita mi interés.

En una sociedad que tiende a sublimar la juventud y en la que una persona de 65 años suele percibirse como mayor, obsoleta y desactualizada, llama poderosamente la atención que cientos de adolescentes esperen su salida del estadio para despedirlo como a un héroe, querer fotografiarse con él y jalear sus consignas.

Fernando, con inteligencia, ha sabido captar la necesidad de referentes de una afición huérfana de ellos y con cierta complicidad del club se ha autoerigido como una especie de capitán que trata de enderezar el rumbo de una nao que se iba a pique y en la que toda la afición, independientemente de su edad, gustos deportivos u otras consideraciones, lo ha encumbrado en un tiempo récord como su referente.

A ojos de una persona observadora, resulta llamativo que alguien de 65 años facilite la necesidad de adscripción, identificación y de sentirse parte de un grupo de los aficionados más jóvenes, que lo visualizan como un símbolo de rebeldía, y en cierto modo cuestionando las normas del mundo adulto. La mitificación de la figura del eterno Arsenio está muy presente en unas personas que, por su edad, no lo han podido conocer y solo tienen constancia del mismo a través de los recuerdos que los mayores les hayan podido transmitir. De ahí la singularidad del fenómeno y del personaje

Adolescencia y juventud son etapas del ciclo vital en las que aumenta la necesidad de una serie de constantes antropológicas que están en la base de las necesidades fundamentales del ser humano: necesidad de raíces, de identidad nacional (en este caso de pertenecia a un Equipo), de frontera, de lengua, de tradiciones donde poder anclarse y reconocerse, en suma, de inscribirse en un conjunto de filiaciones y fidelidades que terminan posicionando a una persona en el seno de una sociedad.

En resumen, subculturas (el mundo del fútbol es una en sí misma) e ídolos mediáticos no solamente cubren dichas necesidades juveniles de identificación, reafirmación y apropiación de nuevos estilos de vida, sino que además facilitan patrones y pautas concretas de comportamiento y participación de la juventud en el cambio social. Pero resulta chocante que este ídolo sea una persona de 65 años, con apariencia normal, sin tatuajes y que en teoría no comparte códigos estéticos o culturales con con los deportivistas más jóvenes.

Por todo eso Fernando Vazquez es en sí mismo un fenómeno sociológico, que convendrá observar con atención para saber si se trata de algo efímero, vinculado a los resultados deportivos positivos, o responde a algo más estructural. El deportivismo más joven, los más jóvenes en general, necesitan referentes, porque se sienten huérfanos de ellos y no se identifican con una sociedad construida sin contar con sus opiniones y que visualiza a los millennials como meros consumidores pasivos de un producto. En el caso del Dépor, los adolescentes, a falta de éxitos deportivos, corren el riesgo de desengancharse del equipo que labró la identidad de coruñeses durante décadas, y de que el auge de los e-sports, con sus códigos, tiempos y canales de consumo a su imagen y semejanza, terminen de fagocitarles alejándolos definitivamente de los estadios. Y faltos de ídolos, resulta interesante y curioso que un profesor de 65 les esté devolviendo gran parte de la ilusión perdida.

*Nacho Álvarez es sociólgo y socio 2.836 del Deportivo

El acordeón de Fernando Vázquez

iván antelo

El técnico deportivista cambió varias veces su esquema táctico en el partido contra el Las Palmas para protegerse y atacar al rival según le convenía en cada momento

No solo tiene varita. También hay pizarra detrás. Fernando Vázquez, el principal artífice de devolverle la autoestima al deportivismo con su sola presencia, volvió a demostrar el sábado durante el duelo contra el Las Palmas que detrás de las seis victorias consecutivas hay mucho más que un impulso anímico. Contra los canarios, sorprendió al rival con un dibujo táctico acordeónico, que fluctuó según sus intereses, si quería protegerse o atacar a un rival que para nada le puso las cosas fáciles.

De un 1-5-4-1 a un 1-4-2-3-1, en el que Mollejo actuaba de carrilero o de extremo, Montero le acompañaba de central o de lateral y Çolak de interior o mediapunta. Todo, con los mismos once jugadores en el campo, sin necesidad de hacer ningún cambio.

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