Anquela: Confianza o destitución


La gran ventaja que tiene la Segunda es que hay más tiempo para corregir errores. Un mal inicio no tiene por qué condenarte sí o sí. Siempre queda la posibilidad de una reacción que permita a un equipo meterse en play-off y de ahí al ascenso. Ejemplos hay muchos.

El Dépor tiene tiempo por delante. Sí. Pero siempre que cambie algo. No puede vivir en una indefinición permanente. El mensaje al vestuario debe ser claro y público. ¿Confían el consejo de administración y la dirección deportiva en Anquela? Es sencillo. Si lo hacen, es el momento de salir públicamente a decirlo. El entrenador necesita verse respaldado por sus superiores. Saber que, salvo hecatombe, va a seguir en el cargo. Que en Gerona no va a vivir una final. Que es él quien manda en el vestuario. Que tiene total libertad para hacer lo que quiera y con quién quiera. Que nadie cuestionará sus decisiones, porque tiene plena autoridad. Y que si quiere tirar a la basura el dichoso pinganillo nadie se lo va a prohibir. Carácter no le falta. Experiencia tampoco. Pero quizá está necesitado de respaldo.

Lo tiene que saber la plantilla. Y la afición. Riazor se hizo oír. La pobre imagen ofrecida por el Dépor frente al Mirandés no puede mantenerse. Porque no es nueva. Se ha visto más veces. Y eso solo se consigue con claridad. Y, si después de solo 8 jornadas ya no se confía en el entrenador, para qué perder más tiempo. Ni él se merece ese sufrimiento innecesario, ni la afición vivir en la ignorancia.

El Deportivo da pena

Paulo Alonso

La realidad resulta tan contundente y dolorosa, que pocas frases resumen mejor el despropósito en el que, en tan solo unas semanas de campeonato, ha caído el Deportivo. Da pena en el campo y da pena verlo. Con una plantilla que ahora se demuestra más que limitada, perdido en el campo sin algo que remita lejanamente a una idea, carcomido por la ansiedad... Instalado en la nada. En solo unos días el deportivismo ha pasado de debatir si el proyecto de esta temporada alcanzaba de verdad para jugar el play off de ascenso, a preguntarse si en realidad la presencia una semana sí y otra también en puestos de descenso no significa un aviso serio de que el equipo se desmorona. Los partidos se han convertido en un ejercicio de impotencia en el que, a veces, la esperanza se limita a que caiga una falta en una zona peligrosa, por si la pesca Aketxe, o a que el VAR revise un posible penaltito salvador. Grotesco.

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
17 votos
Comentarios

Anquela: Confianza o destitución