Los resultados se lo han llevado por delante. El fútbol es tan maravilloso como puñetero y te encumbra lo mismo que te hunde. Da igual las horas que le hayas dedicado, los disgustos, los sufrimientos.... Todo importa poco si la pelota no entra. Y los que te aplaudían entonces piden tu cabeza. Y es que, efectivamente, el fútbol es así.

Tino Fernández ha decidido arrojar la toalla después de que el Dépor haya sufrido un hundimiento sobre el césped tan terrible como inesperado y después de que desde la grada se haya pedido su dimisión y la del resto de consejeros.

Si hubiera que glosar la etapa de Fernández Pico al frente del club habría que analizarla por capítulos. En el primero de ellos tocaría hablar de su valentía. La de una persona que no se asustó ante un reto que era casi imposible, el de resucitar a un muerto, que es la herencia que le dejó Lendoiro. No olvidemos que llegó a la presidencia de un club que estaba protagonizando el mayor concurso de acreedores del fútbol español, con 160 millones de deuda. Una barbaridad que hacía que muchos no dieran un duro por la supervivencia de la entidad. Y lo cierto es que nunca sabrá la afición lo verdaderamente cerca de desaparecer que estuvo el club. Con dedicación, perseverancia y con apoyos, que todo hay que decirlo, sacó adelante el Deportivo y le dio viabilidad.

Luego falló a quienes creyeron que con alguien tan serio al frente se pedirían responsabilidades hasta el final. Y entre el fiscal y su decisión de dar carpetazo al caso, impidieron que el deportivismo tuviera de verdad la oportunidad de resarcirse de los daños causados. La valentía que tuvo al principio, le faltó en el momento de enfrentarse a Lendoiro.

Y luego la cuestión deportiva, que no fue afortunada. Puso mucha voluntad, pero las cosas no salieron bien y fueron de mal en peor hasta llegar a este extraño hundimiento que nadie se explica.

El caso es que Tino dijo basta. Y supo escuchar a la grada de Riazor. Cogió un club muerto en Segunda División y en Segunda va camino de dejarlo, pero vivo. Su renuncia y la de su equipo directivo, les honra. No se llevaron dinero, ni gloria, pero se entregaron en cuerpo y alma.

Ahora toca preguntarse quién será el siguiente. Y esperar que aparezca algún candidato solvente que venga a servir y no a servirse del Deportivo. Y mientras, cabe esperar que la plantilla, que cobra puntualmente sus nóminas, reaccione de una vez y se agarre al sueño del ascenso a Primera.

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Y ahora, ¿quién viene?