Simplificar en momentos de crisis

El Deportivo saltará al Tartiere a no complicarse en el juego para evitar el bloqueo mental y tratando de igualar la intensidad y «la dialéctica» del Oviedo


«No buscamos una revolución, pero sí que las cosas sean más fáciles y haya menos dudas. Es bueno simplificar en momentos de crisis». Dani Giménez conoce el motivo de la vuelta al viejo camino, el que el plantel se sabe de memoria. «Muchas veces, cuando tienes las cosas claras tácticamente, le quitas dudas al jugador y, en caso de no imponerse en los duelos, o no saber qué hacer, tiene claras esas premisas que trabaja durante toda la semana. Puedes ganar comodidad contra un equipo como el Oviedo, cuya manera de jugar es muy clara. Sabes cómo hacerles daño y cómo van a intentar hacerte daño. Son directos, buscan segundas jugadas, contraataques, no se complican con el balón. Se simplifica el juego, pero son partidos peligrosos», desgranó el pasado jueves en sala de prensa, antes de que el plantel se fuera a hacer terapia de relajación a base de paintball.

El adversario no tiene secretos, más allá de los elegidos para sustituir a los sancionados Carlos Hernández -un fijo en la zaga, a quien podría suplir Javi Hernández- y Javi Muñoz -novedad en el derbi de la semana pasada que probablemente de su plaza a Ramón Folch-, o el lesionado Tejera, por el que Forlín podría tener que adelantarse al mediocampo desde la zaga. Se sabe que Anquela prefiere formar con tres centrales que no entretienen la pelota, que la presión suele comenzar muy cerca de la portería rival y que los futbolistas carbayones son expertos en la disputa de balones divididos, gozan de buenos extremos y practican una propuesta de transición rápida, exprimiendo cualquier error del adversario en zona de creación.

Una serie de atributos que se acercan a lo ofrecido por el Almería (salvando la diferencia de dibujo, por ejemplo) y que ha intentado reproducir Natxo en los laboratorios de Abegondo y Riazor. Los probables titulares se han pasado los ensayos atacando a una zaga de tres que se quitaba el balón de encima buscando enseguida a los hombres de ataque.

El técnico ha insistido mucho en aprovechar la amplitud del campo, escorando a los dos puntas que coronan el rombo, para evitar que se fijen las marcas, abrir la defensa y facilitar la irrupción desde atrás de los interiores y del mediapunta. También se ha tratado de afinar el juego combinativo en torno a Dani Giménez, insistiendo en la purga de errores graves al jugar la pelota y en la opción del balón largo como alternativa frente al posible atosigamiento de los atacantes de Anquela.

Ventajas de jugar fuera

El Deportivo intentará sacar ventaja de su condición de visitante en la toma de decisiones. «Fuera de casa tenemos claro que es muy difícil ganar y no vamos pensando en que estamos en nuestro estadio y hay que pasar por encima del rival -argumentaba Dani Giménez-. No pasa nada por arroparte durante esos minutos en los que las cosas no salen bien». Una actitud que, sin embargo, sí genera murmullos en Riazor.

El meta revelaba además que en las charlas de esta semana hay un aspecto en el que se ha tomado como modelo al rival: «Ellos son gente que aprieta, van fuerte, son muy competitivos. Manejan muy bien ese fútbol, esos enfrentamientos, esa dialéctica. Crecer como equipo es también dominar todo esto: Nosotros somos un equipo que no da patadas, que no protesta al árbitro, que si hay una tangana vamos dos y nos vamos. Es algo que nos está penalizando y en lo que tenemos que mejorar».

Carlos Fernández y tres puntos vitales

pedro barreiros

El regreso del delantero sevillano aspira a rearmar en el ánimo y en el fútbol a un Deportivo
al que solo le vale la victoria en Oviedo para continuar creyendo en el ascenso directo

Todo confluye en Oviedo, donde el Deportivo se aboca a un punto de inflexión en la crisis de fútbol y resultados que le acompaña. Mientras sus aspiraciones por el ascenso directo penden de un hilo, la recuperación de Carlos Fernández, el jugador más echado en falta por seguidores, compañeros, técnico y crítica, debe convertirse en el decisivo empuje anímico, de juego y liderazgo que implora este equipo, al que a falta de once jornadas para el cierre liguero el tren de las dos primeras plazas ya no espera más. Todo lo que no sea ganar en el Nuevo Tartiere, donde los coruñeses contarán con el apoyo de 3.000 hinchas, en una de las movilizaciones más importantes del deportivismo de los últimos tiempos, ahondará en las dudas y supondrá en la práctica pasar página al objetivo de acabar la Liga en una de las dos primeras plazas.

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