El Dépor regala el respeto a Riazor

En lo que va de año solo ha sumado siete de los dieciocho puntos disputados en su estadio


La temporada empezó con un Dépor que solo con pronunciar su nombre ya transmitía temor a los rivales. Llegaban los contrincantes derrotados a Riazor. Sporting, Elche, Oviedo, Reus, Osasuna... Equipos que cruzaban la avenida de Alfonso Molina conscientes de que solo un milagro podría evitar su derrota.

Pero esta sensación ha desaparecido. Lo que antes era miedo, respeto, pavor a un estadio infranqueable, se ha convertido en ocasión propicia para puntuar fuera de casa. Desde que el 2019 hizo acto de presencia, la escuadra que prepara Natxo González se ha dejado 11 de los 18 puntos en juego. Es decir, solo ha sumado 7: 3 contra el Albacete y 4 gracias a empates frente al Lugo, Tenerife, Nàstic y Alcorcón.

Con la derrota frente al Las Palmas del recién fichado Pepe Mel, los coruñeses acaban regalando ese respeto del que Riazor se había hecho acreedor.

No es una cuestión de sistema. Natxo ha probado con todos los que podía. Tampoco de intención. El equipo apenas renuncia a tener el balón pocos minutos durante cada encuentro. Sin embargo, la realidad muestra un Deportivo plano, en el que en los momentos buenos y en los malos ha tenido un único salvador: su portero Dani Giménez. Peligroso cuando uno de los conjuntos punteros de la categoría que sea acumula partido tras partido teniendo en su guardameta al mejor del equipo, solo eclipsado por un Edu Expósito, que esta vez vio una roja ingenua.

Lejos de comparar la actual situación con la que se vivió la pasada temporada, a estas alturas sí que parece tener un parecido: con excesiva frecuencia, los futbolistas salen en rueda de prensa asegurando que han merecido más, que son rachas, que la Segunda es complicada y que en algún momento aparecerá la luz al final del túnel. Con este discurso se fraguó el descenso. Hasta ahora, el único mensaje de autocrítica es el que llega de boca del entrenador, que en más de un partido ha asumido errores.

Frente al Las Palmas, un más de lo mismo. Natxo hizo su enésima revolución. Dejó, sorprendentemente, fuera de la convocatoria al capitán, Álex Bergantiños, y por tercera vez consecutiva a Saúl. Nadie ha explicado los motivos por los que el lateral ha dejado de servir.

Y en esa nueva vuelta de tuerca, apostó por reforzar el carril derecho con un Bóveda que no aportó nada; en el medio dio entrada a Vicente, por el que todo el mundo espera y que se deja ver demasiado poco; y para las bandas a un Pedro Sánchez, todo voluntad, pero al que las continuas salidas y entradas en el once tampoco ayudan. Diferentes peones, diferente puesta en escena y peor resultado, porque el equipo abrió la veda hoy de pesca libre en Riazor. El Las Palmas ha sido el primero y, de no cambiar las cosas, podría no ser el último.

Es el momento de comprobar que ese vestuario cuidadosamente reclutado por Carmelo del Pozo nada tiene que ver con otros pasados que no supieron reaccionar ante los imprevistos. Sí, la Segunda es muy larga y queda tiempo. Hasta que deja de serlo.

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