Avalancha inversa en Riazor

La Voz

TORRE DE MARATHÓN

ANGEL MANSO

Las goteras ocasionadas por el estado de las obras en el estadio obligaron a muchos aficionados a buscar refugio

27 oct 2018 . Actualizado a las 21:50 h.

Se disputó el partido menos seguido de la temporada en Riazor. Sería por el escaso pedigrí del Reus, o por coincidir con la hora de la siesta, o por el aviso de temporal, o por las inacabadas obras, pero los poco más de 15.000 aficionados que se acercaron al estadio disfrutaron por el mismo precio de dos choques en uno. Con pancarta reivindicativa y gritos de la hinchada contra el cierre de Alcoa, el principal se disputó en el césped y al Dépor le bastaron 40 segundos para zanjarlo. El otro lo protagonizaron los aguaceros que hicieron correr a los aficionados de sus localidades.

Unos para arriba y otros hacia abajo. Las goteras y la fuerza del agua obligaron a dos movimientos bien distintos. En las gradas inferiores, los que se sentaban más cerca del verde tuvieron que salir pitando hacia su espalda para ponerse al resguardo de los pisos superiores. Por encima de sus cabezas, en cambio, los aficionados corrían en sentido inverso, es decir, desde las filas más altas, donde predominan los asientos a cielo raso, rumbo a las más cercanas a la barandilla, en busca de salvarse de las temidas goteras.

La situación resultó especialmente incómoda en Marathón Superior, donde hay los mayores tramos de cubierta sin colocar y solo la escasez de aforo permitió que numerosos aficionados se protegiesen en zonas secas. Algunos, más estoicos, hasta abrieron paraguas en sus localidades, dispuestos a no moverse, pero siempre a seguir animando.