El último pase de Andrés

Guardado ya ha dado sus primeras asistencias al servicio de Setién


A Coruña / La Voz

«Nuestra casa es tu casa, Andrés». El Valencia había cedido a Guardado al PSV y aún no estaba claro si el futbolista permanecería en Eindhoven a final de curso. Ante la duda, la afición tomó partido. El 15 de marzo del 2015, cuando el equipo saltó al Philips Stadion para medirse al Groningen, un enorme mosaico ocupaba el fondo. En medio de aquella inmensa réplica de la bandera mexicana, la leyenda en castellano, recordándole al Principito dónde quedaba su nuevo hogar.

El idilio jugador-afición se estiró tres años, hasta que este verano el Betis pagó dos millones de euros para poner a Guardado al servicio del Villamarín. Andrés tiene nueva residencia, pero no olvida dónde quedaba la que ocupó cuando abandonó el Atlas, cruzó el charco y empezó a brillar. «Allí dejé buenos recuerdos. Es una segunda casa. En cinco años viví de todo: Europa y Segunda», apuntaba ayer, señalando a Riazor. El Deportivo se cruzará el sábado con uno de los últimos referentes de la época dorada; el primero, también, de los años más difíciles de la historia reciente blanquiazul. Decisivo en el ascenso con Oltra, el de Guadalajara salió de A Coruña libre y retornó en Mestalla a los torneos continentales ofreciéndole a Pellegrino la zurda que ahora ofrece a Setién.

En Valencia se midió dos veces al Dépor (obtuvo una victoria y empate); durante el tercer duelo será el hombre a vigilar para los de Mel. El Celta lo dejó suelto y lo pagó con las dos primeras asistencia de Guardado esta campaña. Una semana después, se quedó por sorpresa en el banquillo del Estadio de la Cerámica y el Betis cayó con contundencia ante el Villarreal.

El mexicano ha heredado el dorsal de Ceballos y a veces también su posición. A veces, porque entre la pretemporada y los dos duelos y pico de este curso (tuvo un cuarto de hora el pasado sábado) ha ocupado ya varias plazas en el esquema de Setién. «Estoy para ayudar donde se necesite, de pivote, sacando la pelota o con más llegada», aclaró ayer. Precisamente ahí, cerca del portero rival, es donde hizo más daño, con Camarasa de escolta y Javi García barriendo por detrás.

El último pase sigue siendo la especialidad de Andrés, autor de veinte asistencias en la liga holandesa con el PSV, y de otras tantas en Primera al servicio de su próximo adversario, en su vieja casa. Doce más (y once goles) sumó en el camino del retorno blanquiazul a la máxima categoría. Desde que se fue de A Coruña, el Deportivo ha vuelto a descender de categoría y a subir a primera. Quiere consolidarse, como este Betis del Principito y de Setién.

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