La tarde que Pirusca besó a Lucas

Pedro José Barreiros Pereira
pedro barreiros A CORUÑA / LA VOZ

TORRE DE MARATHÓN

Nuevo baño de masas del goleador deportivista, que después del primer entrenamiento con sus compañeros se pasó diez minutos firmando autógrafos

05 sep 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

«Como el Deportivo no hay ninguno». Pirusca viajó el lunes por la tarde desde A Coruña a Abegondo a saludar a su ídolo. Pero no fue de cualquier manera. Debajo del abrigo llevaba su camiseta. «Es la del ascenso a Primera del 91», dice mientras se deja caer el gabán por la espalda y se ve aquella histórica elástica, marca Rox, con la publicidad de Leyma. Ahí aparecen su nombre y, a modo de dorsal, su edad. «Tengo 90 años y ayer (por el domingo) fui a ver al Fabril a Ferrol. Un disgusto al principio, cuando perdíamos... pero al final empatamos», añade mientras le brillan los ojos y canta una canción que alude a aquellos años en que el Deportivo y el Racing eran algo más que vecinos. Tras el entrenamiento besó a Borja Valle, a Mosquera, a Pepe Mel y a Lucas, con el que se paró más. «Tenía que venir a saludarlo», afirma llena de razón. El goleador le sonríe y le planta un beso en la frente.

El penúltimo fichaje deportivista, el más deseado, completó el lunes por la tarde el primer entrenamiento junto a sus compañeros. Ya se había ejercitado en solitario el sábado, pero esta vez pudo correr al lado de Saúl en el calentamiento, o ejecutar junto a Mosquera el exigente circuito físico preparado en el segundo campo de Abegondo: pases, aros, equilibrio, flexiones, saltos,...

Gol por la escuadra

Sobre el césped no hubo pasillo de collejas, el recibimiento que, a modo de novatada, el vestuario le ha tributado a todos los nuevos conforme han ido llegando este verano. Quizá porque el goleador nunca se había ido del todo. Quizá porque siempre estuvo entre ellos.

Luego, Lucas, con el peto naranja, chutó a portería en un ejercicio de remates y defensa, e incluso metió un gol por la escuadra al fabrilista Francis, antes de jugar su primer partidillo. Primero, Mel lo situó en el horizonte de Çolak. Más tarde, combinó con las diagonales con Bakkali.

«Estiramientos y a la ducha», mandó el entrenador al cabo de hora y media, pero a Lucas le costó unos diez minutos más que al más rápido de sus compañeros. Tras la enorme expectación del jueves a su llegada al aeropuerto, esta vez más de medio centenar de aficionados, muchos con la camiseta del siete, le esperaban al otro lado de la valla antes de entrar al vestuario. Con paciencia, sin dejar con las ganas a ninguno, hubo fotos y autógrafos para todos. Hasta para Diego, un pequeño que en medio de lloros no quiso colgarse del cuello del ídolo. El niño prefirió posar desde los brazos de su padre. Llevaba el dorsal diez de Andone.

Y, al final, llegó la oportunidad de Pirusca, el último beso de Lucas antes de regresar al vestuario. «Es muy riquiño, ¿verdad? Ya le he dicho que hay que ganar a la Real Sociedad», revela antes de marcharse acompañada por su familia. El dorsal 90 blanquiazul volverá a ver a su ídolo el domingo en Riazor.