Juan Domínguez sale de casa

Con su salida al Reus, el canterano cierra una larga trayectoria en el Dépor, donde fue clave para ascender


a coruña / la voz

Hay en el Dépor, como en cualquier equipo, una serie de futbolistas comodín. No por su versatilidad en el campo, sino porque encajan en público para cualquier situación. Futbolistas en son de paz a los que se espera en zona mixta tras un resultado adverso, o en sala de prensa durante una turbulencia en el club. Hoy son, por ejemplo, Borges o Mosquera, capitanes a la sazón: nunca una frase cargada, jamás medio reproche, difícilmente un titular. Juan Domínguez encarnó muchas veces ese papel. Hombre de club, ni siquiera chistó mientras se cocía la huelga, cuando los pagarés sin pagar. Tampoco dio respuesta a la insinuación de Ernesto Bello que, despechado por el ninguneo de quien representaba al jugador, deslizó la posibilidad de tenerlo un año sin jugar.

Se había enquistado la renovación y sonaban cantos de sirena alrededor del naronés. Se hablaba incluso del Sevilla. «Hubo interés del Betis en ciertas etapas, pero nunca se llegó a concretar», admitió el propio Juan Domínguez después de haber firmado la polémica ampliación. Era junio del 2015, el nuevo vínculo se extendía hasta el mismo mes del 2018, y había transcurrido un año desde las manifestaciones de Bello, que se volvieron proféticas en cuanto el balón volvió a rodar. El centrocampista, encantado a priori con Víctor Sánchez -«Quería estar con un entrenador con el que, por lo menos, tuviera las mismas posibilidades que con otros compañeros»-, solo fue titular en dos partidos de Liga con el técnico madrileño. Pese a ello, se resistió a salir.

 

Porque Juan Domínguez salió por dos veces del pozo, y hay lugares a los que, por mucha felicidad que te hayan dado, resulta difícil volver. Oltra lo exprimió entre el 2011 y el 2012 en aquella plantilla sobrada para Segunda con la que estableció el récord de puntuación. Dos temporadas más tarde, volvió a resultar fundamental en el plantel de retales que Vázquez forzó a subir.

Cada campaña en la categoría de plata fue la buena del canterano, aprovechadas para acallar el murmullo que casi siempre acompañó su trato con el balón. Los cursos buenos del organizador naronés, que llegó al Dépor a los 14 para integrarse en el equipo cadete, empezaron a cerrarse en año par, coincidiendo con ascensos del conjunto blanquiazul. 

Ni ancla ni mediapunta

Cada salto, sin embargo, se fue haciendo más difícil. En el primero cargó voluntariamente con el peso del 10; en el segundo, le obligaron a asumir el que portaba Valerón. Cuántos trataron de encajarlo en mediapunta. A él, sin último pase y sin gol (tres ha hecho en Primera). También quiso Víctor Fernández convertirlo en ancla. Unas veces por delante, y otras por detrás; casi nunca en su posición. A ese baile, y a la irremediable desconexión con cierto sector de la grada, se puede agarrar Juan Domínguez para explicar qué lo lleva de vuelta al pozo. Qué lo sume en Segunda y lo aleja de casa otra vez.

Esta parece la definitiva. El verano pasado, Vázquez lo dirigió de nuevo. Perdió la categoría en un Mallorca que dijo adiós a 36 años seguidos en el fútbol profesional. Entonces salía cedido. «Me gustaría regresar», aseguraba en la sala de prensa de Riazor. Ayer acudió a la de Abegondo con una carta de despedida para confirmar que jugará en el Reus. «No es el día de hablar de ciertos temas», anunció. Y se fue.

«Doce temporadas después, que no es baladí, me despido del club de mi vida como futbolista»

«Como ya sabéis, me voy al Reus». Así arrancó la breve despedida de Juan Domínguez, concentrada en las pocas líneas de una carta leída en la sala de prensa de Abegondo. No admitió preguntas -«Creo que no es el día para hablar de ciertos temas», sostuvo- y emplazó a futuras entrevistas para resolver cualquier duda.

Esto leyó el centrocampista, escoltado por Martín Pita y Fernando Vidal: «Parece que fue ayer cuando, con catorce años, el Deportivo me propuso que me sumara al equipo cadete y empezara a entrenar en Abegondo. Por entonces, yo no era más que un chaval al que le gustaba el fútbol, aficionado al fútbol, que seguía al Dépor domingo tras domingo y al que se le presentaba la ocasión soñada por todos los chicos coruñeses. Doce temporadas después, que no es baladí, me despido del club de mi vida como futbolista profesional.

Ahora que nuestros caminos se separan, no podía marcharme sin dar las gracias a aquellos que desde el primer día que ingresé en la entidad procedente del Narón, en el 2004, me han ayudado a formarme como jugador y como persona y me han brindado la oportunidad de dedicarme a lo que más me gusta: jugar al fútbol.

A todos los compañeros con los que he tenido el privilegio de compartir la camiseta deportivista, a todos los entrenadores que me han enseñado lo que sé, a la directiva, tanto a la actual como a la anterior, a todo el personal del club que está ahí día tras día y a todos los que siempre han confiado en mí. Muchísimas gracias, sin vosotros nunca hubiera logrado nada de lo conseguido. Un fuerte abrazo y forza Dépor».

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