Victoria del Deportivo ante el Málaga, y lo demás da igual

Xurxo Fernández Fernández
Xurxo Fernández A CORUÑA / LA VOZ

TORRE DE MARATHÓN

Marcos Míguez

El conjunto coruñés recurrió a su versión más prosaica para dejar casi sellada una permanencia sin florituras

16 abr 2017 . Actualizado a las 20:59 h.

Circula un vídeo en el que Pepe Mel explica por adelantado el partido de ayer. El corte, extraído de una rueda de prensa, pertenece a su última etapa como entrenador del Betis. Un periodista le pregunta a qué intenta jugar su equipo, y se genera este breve intercambio de impresiones:

-Al fútbol. Al fútbol.

-¿Cómo?

-Con un balón. Hay un equipo enfrente y metes el balón entre tres palos con una red. Cuando lo consigues te dan un punto. El rival saca de centro, se juega, e intentas meter otro gol. O punto; como tú le quieras llamar.

El técnico descifra así, entre gestos, el misterio del balompié. Del fútbol a secas. El que va de coger la pelota y conducirla sin contemplaciones al interior de la portería rival. Y hacer goles, y sumar puntos. Deporte pragmático en el que solo el más fundamental de los fríos apartados estadísticos dio la razón al Dépor frente al Málaga: sobó menos tiempo el cuero (41% de posesión), acertó muy poco al pasarlo (69%), y chutó las mismas veces que el rival (11); pero consiguió introducir la bola entre los tres palos, y después de que el rival sacase de centro, logró meter otro gol. Victoria clave por lo criminal.

Después del encuentro en Riazor, el micro le llegó a Pablo Fornals. El joven futbolista visitante no tuvo tapujos en admitir que «si yo fuera aficionado no habría querido ver la primera parte de este partido». El segundo tramo fue mejor, aunque solo para el hincha blanquiazul y por aquello de que su equipo dejó amarrada más de media salvación. Ni siquiera el Mel más práctico excusó el espectáculo: «El equipo que yo sueño no ha venido por A Coruña todavía».

Escritor de novela y defensor de un fútbol prosaico, el míster ha arrinconado al poeta. El turco Çolak, verso libre, le cambia el registro al equipo incluso en sus días más espesos. Ayer no asomó. Como quiera que el segundo encargado de portar el peso ofensivo aún renqueaba -el Deportivo es de los pocos que tiene por arma básica a un lateral- y la segunda línea era un dolor, se disparó el valor de la zaga. Entre Arribas y Sidnei redujeron a Sandro -once goles en 24 partidos llevaba el punta- mientras que Luisinho asumió la responsabilidad que suele recaer en el otro carril. El riesgo para la meta foránea lo sirvió él. De su bota derecha, la menos diestra, partió el servicio con el que Joselu abrió el marcador. Centro al área y remate, igual que en el segundo gol. O punto, como se le quiera llamar.

Ahora que tanto se menta a Galeano (falleció en 13 de abril) retumba aquella canción que entonaban los críos de su obra El fútbol a sol y a sombra: «Ganamos, perdimos, igual nos divertimos». El Dépor venció y está a nueve del descenso. Nada importa más.