Recuerdos del pelo largo

Xurxo Fernández Fernández
xurxo fernández A CORUÑA / LA VOZ

TORRE DE MARATHÓN

Diario Vasco

Garitano se enfrentará en Ipurua al que fue su entrenador en la «gran familia» del Eibar de la temporada 2004-2005

26 ene 2017 . Actualizado a las 14:12 h.

Cabrejo se impuso aquel año en el alto de Arrate, la subida en bici que sellaba otra permanencia en Segunda del equipo más modesto de la categoría. Pocas ediciones de ese ascenso íntimo en el que participan los futbolistas armeros han sido tan especiales como la del 2005. Final en alto de una campaña vivida siempre al borde del éxito; el que se esfumó en el derbi de Chapín, donde el Xerez cedió fácil contra el Cádiz, liquidando las últimas opciones eibarresas de pisar por fin Primera. La gesta llegaría, y sería doble, pero aún no era el momento. Debían transcurrir los siete años que se tomó Garitano para cambiar una plaza de «gran capitán» por la de entrenador que ostentaba Mendilibar en el Eibar al que le faltó un poquito. El equipo murió de éxito y descendió un curso más tarde, lastrado por la fuga de los artífices de la sensacional campaña. Como Gaizka y Mendi, que pasado mañana se reencontrarán en Ipurua. Como Cabrejo y Corredoira, quienes junto a Castiñeiras le ponían al jovencísimo plantel su deje gallego.

«Fue una época magnífica, ir a entrenar era una fiesta. Ibas con muchísimas ganas, aprendías y lo disfrutabas porque éramos todos gente muy sana, muy currante», resalta Paco Corredoira. La veteranía la aportaba Karmona: «Había llegado del Alavés que jugó la final de la UEFA con el Liverpool». El liderazgo, el actual técnico del Dépor: «Tenía mucha personalidad, y si es cierto que Mendilibar era un entrenador muy exigente, Garitano se exigía aún más a sí mismo». La música era cosa de Joseba Llorente, y de organizar la fiesta «se encargaban Moisés Hurtado y Cabrejo».

Partidas de pelota vasca

El animador de Camariñas, que a los 41 aún ejerce de central en el Compos, asume riendo su papel de entonces. «Sí es cierto que Moisés y yo éramos los que dábamos más ambiente, pero era fácil animar porque ese Eibar era una gran familia. Casi todos vivíamos fuera y compartíamos coche para ir a entrenar. Conmigo iban Garitano, Burgueña y Alaña», recuerda. Tampoco olvida los miércoles, cuando «hacíamos doble sesión en Abadiño y comíamos en un restaurante que era hotel para echar allí la siesta. Aprovechamos para organizar un campeonato de pelota vasca; yo hacía pareja con Llorente y estuve a punto de romperme la mano el primer día, no imaginé que la bola fuera a estar tan dura».

Durante los viajes para los encuentros de fuera, la competición era de pocha: «Mendilibar era el primero en apuntarse, y también jugábamos Garitano, Arregi, Vélez y yo. Menudos piques nos teníamos». En el día a día, tras cada sesión de trabajo «no hacía falta decir nada, porque íbamos todos a tomar los pinchos a un irlandés que había cerca del campo, pero el nombre no me lo preguntes que no me acuerdo».

Grupo de whatsapp

«Era el O’Hara», apunta con seguridad Manu Castiñeiras. «Aquel ambiente era increíble, también solíamos ir juntos a las comidas de los pueblos en fiesta», añade. Destaca que «Gaizka era el alma de aquel equipo, el que imprimía carácter ganador, el enlace con Mendilibar sobre el terreno de juego». La figura, sin embargo, «era Silva. Nos llamó la atención desde el primer día. Allí ganó su gen competitivo».

El del City está en el grupo de whatsapp que aún reúne a todo aquel Eibar, del meta Iraizoz al utillero. A través de él se intentó el pasado verano volver a juntar para comer al equipo deshecho tras la subida al alto de Arrate en la que se impuso Cabrejo. Imposible de momento, por cuestión de fechas. Nunca ha sido sencillo que las familias más numerosas se sienten al completo a la mesa.