El entrenador del esperpento

Víctor se ve las caras con su exequipo solo seis meses después de ser despedido


a coruña / la voz

El pasado siempre vuelve, y este apenas ha tardado medio año en regresar. El Deportivo y Víctor Sánchez del Amo abren esta noche la eliminatoria más morbosa de los dieciseisavos de final de Copa. Quien entrenó al equipo coruñés hasta el cierre de la pasada temporada, cuando fue despedido pese a alcanzar el objetivo de la permanencia, cumple hoy mismo quince días en el banquillo del Betis. Las cicatrices que dejó en el vestuario son tan recientes que Luisinho, el futbolista con el que mantuvo un conflicto más público, pero no el único al que se enfrentó, le pasó factura cuando se conoció el sorteo: «Tuvo suerte de conseguir un club [a principio de temporada también hizo las maletas en el Olympiakos griego] y es bueno para nosotros porque sabemos que el Betis va a pelear por no bajar». Todo había estallado durante una segunda vuelta de Liga repleta de decepciones sobre el césped y esperpéntica de puertas adentro, sobre todo en su gestión de la plantilla. El cierre en falso del conflicto generado tras la pelea en pretemporada entre Arribas y Luisinho, con un polémico y dudoso comunicado de Manuel Pablo, cocinó un vestuario en ebullición que acabaría saltando por los aires.

Peleas, cruce de declaraciones entre futbolistas, agentes y entrenador, mensajes de falta de profesionalidad y, sobre todo, falta de unidad. El malestar se hizo evidente cuando faltaban pocas semanas para las vacaciones y todo se vino abajo. El propio Tino Fernández reconoció luego que el motivo de su destitución estaba «más en el futuro que en el pasado». Víctor no podía seguir al frente de una plantilla dividida, ni gozar de la confianza de unos dirigentes alarmados por su falta de autoridad. Perdió definitivamente las riendas del equipo en un vergonzoso final de Liga. Un nuevo incidente, esta vez entre Lucas y Riera, hizo prender la mecha. Llegaron más aperturas de expedientes y cruces de declaraciones que convirtió el ambiente en irrespirable. El técnico, carente de autocrítica, apartó a Luisinho y a Lopo. 

Nunca tantos conflictos

A dos días del cierre liguero, el agente de Luisinho acusó a Víctor de manipular al vestuario y de buscar el fin profesional de su representado. Ese mismo día, Cani aseguraba que nunca como entonces había vivido tantos conflictos en toda su carrera profesional. Y Manuel Pablo no negaba que el polémico comunicado en contra de Luisinho se hubiera hecho sin contar con el visto bueno del vestuario.

Días después, Arribas compareció por su cuenta ante los periodistas para arremeter contra Luisinho directamente, e indirectamente contra Lopo, al tiempo que hacía una defensa a ultranza de su entrenador. Y, cuando parecía que nada podía empeorar el mal ambiente, Víctor convirtió la rueda de prensa previa a la última jornada de Liga en un extensísimo monólogo durante el que, en la línea de su defensor, criticó a los dos jugadores apartados (incluso llegó a decir que Luisinho le había amenazado) e insinuó que el origen de todo el conflicto se hallaba en el propio club, que le había restado autoridad. Era el fin.

Víctor se marchó sin despedirse de la afición y ahora vuelve en una eliminatoria de Copa descafeinada por la mala situación de los dos clubes en la Liga, donde el Betis también coquetea con los puestos de descenso. 

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