Fabricio ya juega por méritos propios

El portero ha sido clave en los dos últimos empates logrados por el Dépor


a coruña / la voz

Lejos está aquel tímido niño de 17 años que junto con Aridane, Luis Ángel y Óscar Sánchez aterrizaba en A Coruña en el 2005 fruto de un convenio con el Vecindario que posteriormente le costaría al Deportivo más de un disgusto. Tampoco queda mucho del jovencito que se tuvo que poner bajo los palos en El Madrigal tres años después, como consecuencia del incidente entre Munúa y Aouate. Ni es el mismo que en el siguiente ejercicio se negó a jugar en el Bernabéu para no tener que renovar y poderse marchar libre poco después al Valladolid. Ahora, Fabricio cuenta con 26 años, es un portero de Primera y ya no juega de rebote. Lo hace por méritos propios y en los 4 últimos encuentros ya le ha dado dos puntos al Dépor (Espanyol y Córdoba).

Fabricio se ha convertido en el abanderado de la revolución realizada por Víctor contra el Valencia y que le ha permitido al conjunto blanquiazul sumar 5 puntos, uno más que en los 7 encuentros anteriores. El penalti detenido el pasado viernes a Cartabria ha sido la guinda a 360 minutos de un portero con confianza que transmite seguridad a toda la defensa.

Pero para llegar a ser el portero titular del Deportivo, el canario no lo ha tenido fácil. Las circunstancias, su carácter y una pizca de mala suerte han jugado en su contra ya desde que aterrizó por primera vez en A Coruña, cuando se rompió la tibia a los pocos días de llegar y tuvo que pasarse cinco meses escayolado.

Años antes incluso estuvo a punto de colgar las botas. Lo hizo durante algún tiempo. En plena adolescencia tuvo un encontronazo con el que era su entrenador en el Vecindario, abandonó el club y empezó a jugar al baloncesto. «Decían que en el básquet tenía unas condiciones enormes. Pero su madre vino a verme y, como sabía lo que le gustaba de verdad a su hijo, me pidió que hablara con él. A la temporada siguiente ya estaba con nosotros», recuerda Roberto Rodríguez, que fuera técnico del Vecindario y quizá, junto con Aridane, una de las personas que mejor conocen a este admirador incondicional de Buffon.

Valladolid, Recre y Betis

Volvió y siempre tuvo las cosas claras: «Lo único que quiero en esta vida es vivir del fútbol», manifestaba ya en el 2008. Y por este motivo, y ante las escasas oportunidades que venía que tenía en A Coruña, en el 2009 se fue al Valladolid. Una huida que le costó una amenaza de demanda de Lendoiro que no llegó a cuajar. Pero tampoco en Zorrilla tuvo minutos. Un partido en una temporada y, de nuevo, hizo las maletas para enrolarse en el Recre, con el que totalizó un año después 40 encuentros con un promedio de solo 0,9 goles encajados por partido. Esos números le permitieron fichar por el Betis. Otro paso atrás. Si bien la primera temporada 17 partidos (2 de Copa), su nombre saltó a la palestra a falta de dos jornadas para el final. Los andaluces, ya salvados, recibían al Sporting, que luchaba por la permanencia y, según algunos medios, el ahora deportivista se negó a participar de un supuesto amaño del partido. No jugó. Ganaron los gijoneses y Fabricio nunca desmintió aquello. Al siguiente año, solo dos partidos.

Entonces, el Dépor lo repescó. Y en A Coruña aguardó en silencio su oportunidad. Y por fin esta le llegó y ya no por casualidad, sino por méritos propios.

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