Un proceso lógico


Pablo Insua ya es un jugador del primer equipo. El defensa central no ha llamado con timidez a la imaginaria puerta con la que Camacho definía el paso de la cantera al profesionalismo. Insua, directamente, la ha derribado. En su estreno esta temporada en Segunda División, en Las Palmas, aprovechó un saque de esquina para darle los tres puntos a su equipo. Desde entonces, solo se ha perdido un par de citas -una por acumulación de tarjetas y otra por la convocatoria con la selección sub 21-, además de firmar el triunfo en Huelva a la salida de otro córner. Sin hacer demasiado ruido, como cuando en sus inicios en el Fabril -en Segunda B, con apenas 16 años- Tito Ramallo tuvo la paciencia suficiente como que se equivocara todo lo necesario, y confirmando lo que para ningún conocedor de la cantera era un secreto: Insua es un valor seguro para el primer equipo.

Con una seguridad impropia de sus veinte años, ni siquiera le pasó factura el recuerdo de su estreno la pasada campaña en Primera, cuando sin la protectora compañía de Marchena o Lopo y en un equipo en dificultades, se vio obligado a pasar una triple reválida frente a Falcao, Fernando Llorente o Messi. Insua se ha consolidado como el central fijo en el once de Vázquez, ha seleccionado sus veleidades ofensivas y se ha empeñado en un crecimiento al que no se le atisba todavía un techo.

Apenas se equivoca, es contundente cuando debe serlo y una amenaza en el balón parado. Ha cumplido el proceso lógico de incorporación de un canterano al primer equipo. Al club no le ha quedado otro remedio que premiar una trayectoria que merecía mucho más que las leoninas cláusulas de antaño. Un acuerdo de justa reciprocidad. Buena parte del futuro del Dépor depende de ello.

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Un proceso lógico