Alos aficionados se les recomienda atención al reloj, en los últimos minutos del Zaragoza-Deportivo de hoy. Aún no se olvidó lo de la primera vuelta con aquel inesperado 1-1 que llegó en el minuto 92. La Voz de Galicia ofreció ayer un análisis muy interesante, pues la información se enriquecía con la opinión del técnico Luis César, explicando la influencia que la fatiga de un futbolista altera su comportamiento en partidos donde, llegados los últimos momentos «si tomas decisiones erróneas, acabarás perdiendo», insiste. Este asunto merecería un comentario especial, tal como lo demuestra la perspicacia de Pedro Barreiros quien, ayer, dedicó la primera página de Deportes a un tema apasionante, angustioso, como resultan gran parte de los partidos cuando entran en los últimos minutos sin haberse decido. Comentarlo me recuerda a un equipo que, por cuestión de edad, Luis César no lo vio jugar con aquellos hombres que sabían moverse hasta el pitido final.
La frase de que «siempre gana, al final, porque hace las cosas muy bien, pero el que pierde siempre al final, es porque hace las cosas muy mal». Leerlo es recordar aquel Valencia de Eizaguirre; Álvaro, Juan Ramón; Bertolí, Iturrasque, Lelé; Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza (¡qué equipo, señores!) de los años 40, podía entrar el partido en el último cuarto de hora con ventaja valenciana que ya podía despedirse el rival de los puntos en litigio. Saber jugar mirando atentos y de reojo al reloj, es una vieja asignatura, muy válida cuando no se habían puesto en práctica los tiempos añadidos por el árbitro.