Bien sin balón, perdidos con él

El trabajo de pretemporada del Dépor fructifica en orden y entrega, pero falta claridad de ideas


a coruña / la voz

Virtudes como el orden y el esfuerzo no entienden de apellidos. Es más sencillo disponer con acierto un equipo sobre el césped y exigirle sacrificio que enseñarle a generar juego -aprendizaje que depende mucho más del talento individual-. No pocos jugadores en el Dépor atesoran imaginación y desparpajo, pero un salto de dos categorías como mínimo (y más en un conjunto con vocación de favorito) es demasiado pronunciado para darlo en multitud. En Monforte, durante la concentración, uno de los veteranos de la plantilla deslizaba su duda: «Hay demasiados chicos. Son buenos y tienen ganas, pero para esto necesitamos más gente con experiencia». Bastaba un vistazo al banquillo del sábado para entender el agobio.

Conocedor de la lista de factores, Fernando Vázquez empleó el tiempo en mejorar en rigor y entrega. Atributos que los blanquiazules demostraron en Las Palmas y también en Riazor frente al Córdoba. Un encuentro en el que se echó en falta lucidez y alternativas con la pelota controlada.

Salir tocando

Errores graves en la zaga

El partido empezó con un error de Insua en la salida. El canterano levantó la cabeza y ante la falta de opciones para el pase inició una de sus arrancadas clásicas en los tiempos del Fabril. Perdió la bola y el Córdoba rozó el disgusto. Pero el central no se arredró y acabó convertido en la mejor alternativa para sacar el balón de la cueva. En un duelo disputado en muy pocos metros de césped, la precisión de la zaga con la pelota era clave. Insua no volvió a errar, pero a su derecha se hartaron de hacerlo Laure y Kaká. Fallaron al alimón en la oportunidad que desperdició Xisco y obsequiaron a la grada con todo tipo de temores. Pocas veces recurrieron los defensas al pase largo. Una de ellas acabó en una gran asistencia de Rudy a Juando.

Una banda mutilada

Un diestro en el lateral zurdo

El Dépor pasó bastante tiempo escorado a la derecha por un buen motivo. Manuel Pablo se encontró muy limitado ofensivamente en la izquierda. Intentó tirar un par de paredes y llegar a línea de fondo, pero siempre a costa de perder mucho tiempo para perfilarse antes de centrar. En la orilla contraria, Laure tuvo protagonismo en ataque, pero le cuesta un horror poner un centro bueno.

Caída hacia el centro

Sin jugadores de banda arriba

La importancia ofensiva de los laterales puede ser relativa en otros equipos, pero parece mucho más importante en el blanquiazul, si se atiende a sus hombres de segunda línea ofensiva. Cuando Culio y Rudy pasaron por sala de prensa, calcaron una idea en su discurso. Ambos se mostraron dispuestos a jugar «donde diga el míster», pero mostraron su preferencia por ubicarse en el centro de la segunda línea. Arizmendi no es extremo de centro y desborde y Juan Carlos es mediapunta. Los candidatos a pisar línea de fondo se esfumaron con la salida de Bruno Gama y la lesión de Lemos. Apenas queda Bicho, que ayer acabó de centrocampista.

Sin alternativa a juando

Wilk y Bergantiños son similares y Teles aún no se probó

Ver a Bicho en la medular fue el último paso en la deconstrucción de la idea original de Fernando Vázquez. Con Wilk y Bergantiños en el doble pivote el técnico minimizó los riesgos en campo propio pero también diluyó las opciones de progresar en el contrario. Es posible que con el tiempo Juando pueda ejercer de Valerón. Tiene imaginación y zancada. Pero tras él deja un erial en una zona sensible. El polaco y el de la sagrada son hombres de brega, pero se les hace de noche con la pelota en los pies. Teles es la opción del filial, pero habrá que ver su desempeño al timón en Segunda.

Distancia entre líneas

Muchos metros por delante tras la recuperación

La situación vivida el sábado en Riazor dejó un último damnificado: Luis Fernández. Un virtuoso en el remate que se desgastó buscando balones a muchos metros de la portería rival. Curtido a golpes por un veterano como Bouzón en una nueva entrega del curso de adaptación a la categoría. Por narices.

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