Ha dado el paso al frente que le pedía Fernando Vázquez y ejerce de modelo
20 jul 2013 . Actualizado a las 19:06 h.«No pude asistir porque la reunión surgió durante la merienda y yo ya estaba en la habitación. Debería haber estado ahí». Juan Domínguez se perdió el improvisado encuentro del miércoles entre Lendoiro y los hombres de peso de la plantilla. Una ausencia achacable a lo fortuito de la reunión, pero que no dejó buen sabor de boca al canterano, llamado a ser protagonista en todos los frentes de la lucha por el ascenso. Ayer tuvo que ausentarse de nuevo, esta vez del entrenamiento. Sus problemas en los aductores no le permiten ejercitarse al mismo ritmo que sus compañeros. Así que apareció en A Pinguela con la sesión ya empezada y trabajó un rato al margen con el readaptador. Cuando arrancó el partidillo, sin embargo, Fernando Vázquez buscó la compañía de Juando en una esquina del campo y allí estuvieron departiendo durante muchos minutos mientras señalaban a la cancha.
Pocas veces ha tenido el técnico un gesto así desde su llegada. Es amigo de las charlas cuerpo a cuerpo (con Nelson, por ejemplo, mantuvo unas cuantas), pero pocas veces en público y durante tanto tiempo. La excepción no es más que una prueba de la importancia que el míster da al centrocampista, en el que empieza a construir una réplica del añorado Valerón.
Lejos de rechazar el papel, el futbolista ha asumido los galones y los luce tanto en el campo como fuera de él. Tiene mucho más carácter que el mediapunta canario y no se esconde, ni cuando le toca sacar la cara por el club, ni cuando hay que hacerlo por sus compañeros. Del mismo modo que el jueves compareció ante la prensa para asegurar que la tranquilidad había vuelto a la plantilla, justo antes de partir hacia Monforte se había dirigido a los medios con un aviso a navegantes: «La paciencia no es infinita».
Respaldo al capitán
Aquel día no solo dejó claro el descontento del grupo con la situación en el club -«llevamos mucho tiempo en una situación muy mala y no puede ser, hay que arreglarlo y recuperar la estabilidad cuanto antes»-, sino que de paso echó un capote al capitán. «Estoy completamente de acuerdo con Manuel Pablo», sentenció, evidenciando que no existen fisuras en torno al lateral. No fue una frase al azar; respondía así a las críticas vertidas contra el portador del brazalete por parte de un muy reducido sector de la grada. Un grupúsculo que acusa al canario de mirar más el bolsillo que el balón, pasando por alto sus muchos meses de silencio sin sueldo, y que es el futbolista que más se sacrifica en cada entrenamiento.
Entrega cada vez más necesaria, no solo por la edad sino también por la terrible exigencia de las prácticas con Fernando Vázquez y Manuel Pombo. El técnico y su ayudante han urdido la precampaña más dura de los últimos años, pero no ha habido quejas ente los jugadores más allá de las muestras de fatiga. Ahí también ha servido de espejo Juan Domínguez. «La intensidad está siendo muy alta, como tiene que ser en pretemporada», repite cuando se le pregunta por las palizas físicas. El mensaje cala y se propaga, sobre todo entre el numeroso grupo de jugadores del filial y el juvenil desplazados a Monforte.
También de ellos se ocupa el naronés: «Lo que tenemos que hacer es ayudarlos, que vayan cogiendo confianza poco a poco». Él sirve como punto de referencia; llamado a liderar al conjunto a partir del 18 de agosto tras formarse en la cantera y debutar con 19 años en el primer equipo.
Hoy no podrá jugar
El rol del futbolista no solo ha ido cambiando (y creciendo en importancia) fuera del campo. También lo ha hecho dentro de él. Su papel fue capital en la reacción tras la llegada de Vázquez y el de Castrofeito quiere que su pupilo asuma ahora más responsabilidades. No sería extraño, dependiendo de los refuerzos, que acabe ocupando también sobre el césped el puesto del Flaco, adelantando su posición. Así hizo ante el Lemos su primer hat trick como profesional. Hoy, sus molestias le impedirán salir a jugar en Vilalba.