El último vals de Valerón

La permanencia podría ser un gran colofón a la carrera del canario


A Coruña / La Voz

Noventa minutos para el más que posible adiós de un genio. El deportivismo se prepara para afrontar la batalla final por la permanencia, al mismo tiempo que nota cómo se le encoge el corazón con solo pensar que se acaban las tardes de gloria de Juan Carlos Valerón. Su último crac. Una de las pocas herencias de aquella época de grandeza que jamás podrá olvidar.

El mago de Arguineguín ni confirma ni desmiente. Solo calla. No quiere que se hable de él. Su personalidad le impide acaparar protagonismo y más teniendo en cuenta la trascendencia de la fecha. Para él lo importante es que el Dépor se salve y que todas las fuerzas del equipo se canalicen en conquistar ese objetivo. Pero ha sido inevitable parar la sucesión de noticias.

Primero, su entrenador Fernando Vázquez comentó su ilusión por intentar convencer al Flaco de que cambie de opinión sobre su decidida marcha. Algo que Valerón no quiso desmentir en la posterior rueda de prensa. Solo pidió respeto. Luego, empezaron a trascender detalles sobre un posible partido homenaje al que estarían invitados muchos de sus excompañeros.

De confirmarse, y salvo que Vázquez consiga persuadirle, el de hoy será el punto y final a trece temporadas en las que el ya mítico 21 del Dépor vivió las grandes noches de Liga de Campeones así como el Cententenariazo; mezclado todo ello con alguna amargura como el último descenso a Segunda o el calvario de su lesión de rodilla.

Buscando un final feliz

El genio grancanario siempre ha sido el más idolatrado por la afición blanquiazul. Nunca necesitó levantar la voz para llamar su atención. Se ganó el corazón del deportivismo a base de fútbol y buenas acciones. En el descenso del año 2011, fue de los primeros en apuntarse al carro de la continuidad en Segunda. Su única obsesión fue devolver a los coruñeses al lugar que les correspondía. Y lo consiguió.

De ahí que el partido de esta noche sea especial. Ganar para que Valerón pueda irse dejando a su Dépor en Primera. Una razón más para luchar por la permanencia. Porque Juan Carlos no puede marcharse con lágrimas de tristeza en los ojos. El Dépor se lo debe y la afición se lo recompensará como merece.

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