Aquel Zaragoza de Abel Aguilar

Xurxo Fernández Fernández
Xurxo Fernández A CORUÑA / LA VOZ

TORRE DE MARATHÓN

Javier Cebollada

El colombiano ya logró con los maños una permanencia muy complicada

05 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Abel Aguilar entiende de resurrecciones. Hace tres años ya vivió una. Entonces militaba en el Zaragoza, próximo visitante de Riazor, y acabó la primera vuelta penúltimo con solo 14 puntos. Dos menos de los que tenía el Dépor después de jugar 19 partidos esta campaña. Los maños fueron capaces de sumar otros 27 puntos en la segunda parte de la 2009-2010 y salvaron la categoría sin esperar a la última jornada. El milagro se cimentó en torno a los refuerzos de invierno (Roberto, Edmilson, Eliseu, Colunga...), el relevo en el banquillo y la fe de una plantilla en la que figuraba algún viejo conocido de la afición blanquiazul.

La directiva del club de la Romareda destituyó a Marcelino y le dio las riendas del equipo al entrenador del filial. Un José Aurelio Gay que llegaba al banquillo como eventual pero que acabó consumando la permanencia. «La verdad es que empecé mal, con un 6-0 en el Bernabéu; y después empatamos en casa con el Dépor y el Xerez y perdimos en Cornellá y en el Madrigal. Estaba muy complicado, pero de repente enlazamos dos victorias seguidas (en Tenerife y frente al Sevilla) y empezamos a despegar. Justo lo que parece que está pasando en A Coruña», recuerda el técnico.

A sus órdenes tenía a Abel Aguilar, al que califica como «un grandísimo jugador. Muy completo, con un juego aéreo buenísimo y mucha llegada al área contraria». Unas virtudes que llevaron a Gay a utilizarlo en posiciones más avanzadas a las que está ocupando esta temporada. «Por su corpulencia y su capacidad física, todos tendemos a emplearlo en tareas de recuperación, pero en el Zaragoza yo usé primero un 4-3-3 y lo usaba por delante del pivote defensivo (Ponzio). Después cambié al 4-2-3-1 y llegué a utilizarlo de media punta varias veces», detalla el que fuera también míster del Pontevedra.

Autor de cuatro goles

El colombiano hizo cuatro goles aquel año. Tantos importantes en la victoria frente al Getafe o el empate cosechado en Gijón. En la Romareda coincidió con Pablo Amo, que recuerda que Aguilar «era siempre el primero en arrimar el hombro, un ejemplo para sus compañeros. Siempre dando ánimos al vestuario. La verdad es que me llevé una alegría enorme cuando supe que se iba al Dépor». En el césped también era un referente: «Su esfuerzo motivaba al resto -apunta el que fuera central blanquiazul-. Ayudaba en todas las facetas».

Amo vivió en aquel Zaragoza su segunda temporada de flirteo con el descenso, después de la que sufrió en el Dépor de Lotina. Su año en la capital aragonesa (después se fue a jugar a Chipre) estuvo condicionado por los problemas económicos. «Entonces fue difícil aislarnos de los factores externos, aunque conociendo el fenomenal vestuario que tienen ahí (en A Coruña), seguro que lo han conseguido», reflexiona el madrileño.

Se miden dos de sus ex equipos y él ve favorito al local: «Tienen tendencias opuestas y el estado de ánimo influye muchísimo. Además, está la espectacular afición de Riazor». La que ahora anima a Abel Aguilar.