Diez ideas para no regalar en una boda dinero en metálico

La Voz REDACCIÓN

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Porque aún quedan acérrimos invitados que prefieren no rendirse a la cómoda y fría costumbre de la transferencia bancaria

10 sep 2014 . Actualizado a las 18:47 h.

Hoy las invitaciones de boda suelen llegar al buzón o a la mano del invitado acompañadas de una pequeña tarjeta en la que se indica un número de cuenta bancaria. Porque para acudir a un evento de tales dimensiones es necesario pasar por caja. Antes, los asistentes solían agasajar a los recién casados completando el ajuar que ponían en marcha madres y suegras. Después, empezaron a aportar su grano de arena asumiendo el coste de algún objeto de la lista de bodas elaborada por la pareja, pero este mecanismo acabó evolucionando a un canje monetario posterior, con lo que, al final, los recién casados se quedaban con la pasta y ninguno de los candelabros del índice en cuestión.

En estos tiempos que corren proliferan tres tipos de invitados: los que prefieren no romperse la cabeza y, directamente, desembolsan una media de 150 euros por cabeza -aproximadamente el precio del cubierto- en la cuenta corriente correspondiente, los que escogen ayudar a costear el viaje de novios y los que optan por obsequiar a la pareja con un regalo personal o, simplemente, menos frío. Si los novios no lo suplican, para los detractores del dinero en metálico aquí van algunas ideas para salir airosos de este delicado momento:

1. Asumir el coste de la noche de bodas en la habitación de algún hotel con encanto. Deberá estar más o menos cerca del recinto o el lugar escogido para celebrar la boda y contar con todas las comodidades para que los novios pasen una noche inolvidable. Champan, rosas, cestas de frutas, velas y un buen y contundente desayuno.

2. Regalar una sesión de algún pinchadiscos concreto, que les guste mucho a los novios, para que ponga música durante toda la fiesta. Puede ser algún nombre famoso o simplemente el DJ de un local al que suela ir la pareja. La banda sonora del gran día.

3. Hacerse con una Polaroid y dejarse los ahorros en comprar muchos carretes, en color y blanco y negro. Pasarse toda la celebración fotografiando a los novios, familiares y amigos y pegar todas las instantáneas en un enorme panel, para que los novios no olviden jamás su gran día.

4. Una vajilla con clase. Parece un regalo rancio, de abuela, pero justo por esto es una alternativa más que apropiada ahora que lo vintage y lo arcaico vuelven a estar en la pomada. Las hay pintadas a mano -que se pueden utilizar como adorno colgadas de la pared- y también las más básicas de todo, que en lo esencial, en los orígenes, está la elegancia, como estas de El Corte Inglés.

5. Los cuadros son una idea que casi nunca falla, siempre y cuando la pintura no sea demasiado arriesgada, porque lo que le gusta al invitado puede espantarle al novio. Lo mejor es indagar en los gustos y las tendencias hacia las que se inclina la pareja, cómo han decorado su casa o cómo piensan hacerlo en caso de que aún no vivan juntos, qué obras gráficas son sus favoritas y si realmente un presente así les haría o no ilusión.

6. Una espectacular velada en un restaurante en el destino elegido por los novios para irse de viaje. Funciona si se añade el valor sorpresa. Los recién casados llegan a una de sus paradas, pongamos, Nueva York, o San Francisco. Y reciben una invitación para cenar en el mejor restaurante de la ciudad. O para acudir a un concierto. O una fiesta.

7. Una excusión. Como Dios manda. Una especie de esas cajas de aventuras que se venden en las grandes superficies. Pero en plan bien, personalizada por el invitado, que conoce a los novios de cerca. Con muchos detalles que haga único este plan. Un viaje en Cadillac, una ruta en Vespa por Italia, subir a un helicóptero y sobrevolar alguna zona espectacular...

8. Una antigüedad. Un mueble retro. Un aparador, de la década de los 60, una cómoda o un gran sofá Chester. Una lámpara de pie con encanto, una butaca tapizada, un tocadiscos de hace décadas... Hay tiendas de antigüedades para dar y regalar.

9. Un juego de sillas de comedor. Cada una diferente, de hierro, de madera, de metal, con cojines, de colores.

10. Un brillante y llamativo cartel luminoso para colgar en la pared.