Un vaso para cada tipo de bebida

Ahora que el de tubo es historia, ilustrémonos. ¿Vaso ancho, copa de balón, collins?

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Redacción

Aunque sea solamente para hacernos los interesantes en alguna conversación entre amigos, en las comidas familiares o en la barra del bar con esa chica o ese chico que acabamos de conocer. Para acertar esa pregunta del Trivial y conseguir el último quesito que abre el camino al centro del tablero. Para enriquecer nuestro espíritu de beodos. O para paladear de la mejor manera posible, la más ortodoxa, la que defienden los puristas, los alcoholes -o cualquier otro tipo de bebida- que le metemos al cuerpo cuando apremia la sed.

Porque hubo un tiempo en que solo existía un vaso en el mundo. Mil marcas espirituosas, cientos de variantes de refrescos y hasta aguas con sabores. Pero un único recipiente. El de tubo. Espigado y fácil de sostener, reinaba sobre la raza acristalada tanto en terrazas como en plazas tomadas por el estigmatizado botellón. Y entonces un buen día, como todo, entró en recesión. Y comenzó su declive. Ahora que el vaso largo vive su época más deprimente, ahora que hay que entrenar las muñecas para sujetar esos copones circulares en los que suelen servir ginebras azuladas, ahora que los camareros tienen que rifar los vasos de sidra porque nadie quiere al desgaducho pasado de moda, vamos a establecer prioridades. Porque los chupitos hay que beberlos en shots, y deben tomarse de un trago. Y porque un Rioja gran reserva no se toma en un vaso de tubo. Así, para empezar.

Comencemos por el final. Vuelve a ser costumbre, más de los locales que suelen ondear la bandera de la sofisticación, servir cócteles en tarros de mermelada. ¿Les suena? El mojito suele ser el más habitual. Resulta chocante al principio, original, sorber a través de un pajita un combinado en un recipiente de confitura. Suena a la última de las rarezas de turno. Pero el Jam Jar, que es como realmente se llama este tipo de frascos, marcó toda una época, la de la Ley Seca americana. En los años veinte, las restricciones llevaron a los estadounidenses a estrujarse el cerebro en busca de soluciones caseras para disfrutar de sus bourbon. Y ahí estaban los tarros de mermeladas.

Sigamos por lo tradicional: el vermut. Hay cuatro vasos posibles para tomar un vermut. Ni uno más: el vaso típico del corto de cerveza; el vaso un poco más ancho y un poco más alto, de cristal algo más gordo y muy cómodo -el más clásico-; la copa ovalada sin pie -es como una copa de coñac sin la parte inferior- ; y, no podía faltar, la de Martini. El vermut dulce siempre debe servirse en vaso corto y ancho, nunca en recipiente alto.

En general, las copas nunca deben servirse hasta el borde. Se llenan, más o menos, hasta la mitad o un poco más. Y el coñac, siempre por debajo del ecuador. Las bebidas alcohólicas largas, como el gin-tonic o el whisky con soda, se sirven en vasos altos. Si se toman on the rocks -solamente con hielo- se toman en vasos anchos cortos. Al cava y demás bebidas espumosas les corresponden copas con vaho -que se consigue metiendo las copas un rato en el congelador-.

Al nuevo rey de la noche, el combinado de ginebra y tónica, el recipiente que mejor le viene es la copa de balón. Al sujetarla por el pie evita calentar el cristal, que los hielos se derritan y que se pierda el efecto refrescante del piscolabis. Se descuelga así la familia de los gin del resto de cócteles, que se suelen presentar en vaso collins, alargado y cilíndrico, que recibe el apellido de un camarero y supuesto barman, John Collins.

En cuanto al vino, siempre deberá servirse en copa. Esta tiene que contar con las curvas adecuadas; de ello dependerá que el vino sepa mejor o peor. El fondo redondeado ayuda a airear el vino y a dejar oler correctamente su aroma. Su parte superior debe finalizar en forma cónica, hacia el interior, para no dejar escapar la esencia. Pero no todo van a ser alcoholes. Las aguas también tienen lo suyo.

El agua es la única bebida que puede estar servida antes de que se empiece a comer. La copa de agua, también utilizada para zumos, es un recipiente de gran tamaño, ligeramente abombada. Pero, de manera informal, el agua suele beberse en vaso. El Corte Inglés cuenta con originales juegos de vasos para regar el estómago de la manera más sana posible.

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