Alimento habitual en cualquier dieta, las latas han librado a más de uno de pasar más de un día sin comer por su falta de maña en la cocina o por la escasez de tiempo
28 jul 2014 . Actualizado a las 14:15 h.¿Qué levante la mano quién no haya consumido nunca, pero nunca jamás, una lata de conserva? Nadie en la sala. Uno, dos, tres, poco más. Las conservas son ese pan nuestro de cada día. Alimento habitual en la dieta de cualquiera y no solo de todo buen universitario que se precie, han librado a más de uno de pasar más de un día sin comer por su falta de maña en la cocina o por la escasez de tiempo. Sin embargo, cada vez que nos llevamos alguno de los productos encerrados en esas cuatro paredes de una lata, los remordimientos nos carcomen por dentro. ¿La razón? Desde que el mundo es mundo, nos han vendido que este tipo de alimentos no son sanos, a pesar de que prolongan la vida del producto. Pero, como en todo, no todo es negro o blanco ya que hay que partir de la base que las conservan se elaboran a partir de materias primas frescas que después son sometidas a una serie de procesos para conservarlas durante más tiempo. Bien es cierto, que durante estos tratamientos el alimento pierde parte de sus propiedades como las vitaminas, aunque también conserva algunos. En su contra, se presentan como fiscal que en las latas se incrementan el nivel de minerales que puede ser perjudicial para algunas personas. Pero, en su defensa, la concentración de ácidos grasos, como el omega 3, es mayor.
Aclarados los beneficios y prejuicios de los alimentos enlatados, uno de los que más adeptos gana es el atún, en parte porque este pescado azul es uno de los imprescindibles de cualquier dieta, más si se es deportista por su valor proteico. Cómodo y fácil de usar cuando se nos presenta en una lata, este pescado funciona además como suplemento proteico, pero incrementa su valor calórico por los aceites empleados y multiplica su contenido en sodio. Una buena salida, es apostar por las latas de atún al natural, evitando los aceites. Mientras tanto, el atún fresco es perfecto si se quiere controlar el peso por su escaso contenido de grasas y calorías, en comparativa con otros pescados o con su variedad en conserva.
Ya sea en lata o en fresco, el atún es uno de los indispensables en pizzas, sándwiches, ensaladas, de acompañante de la pasta o al natural. En las almadrabas de Barbate, Cádiz, las redes de la empresa Herpac se encarga de transformar a base de salazones, conservas y ahumados sus dos tipos de atunes rojos: los de derecho -mucho más graso- y el de partida -más magro-. Apostando por una manipulación artesanal del pescado ya que «no es un trabajo sino un arte», esta firma con 25 años a sus espaldas ofrece un amplio catálogo de conservas y semiconservas que son preparadas sin ningún aditivo ni aroma artificial y que podemos encontrar en El Corte Inglés. Fiel a una propuesta de calidad y gourmet, ofrecen además productos pasteurizados, cocidos y marinados con el frío mágico del hidrógeno líquido. Pero hay vida más allá. Solo hace falta un poco de imaginación y ponerse manos a la obras. En un par de simples pasos, se obtendrá una receta que sorprenderá a los más exquisitos.
Pastel de atún y gambas
Tiempo: de 40 a 60 minutos
Ingredientes para cuatro personas:
1 kilo de atún, 1 pimiento verde, 3 lonchas de jamón serrano, 100 gramos de gambas arroceras, 2 huevos pequeños, 1 cebolla, 3 cucharadas de aceite de oliva, 1 cucharadas de pan rallado, pimienta y sal.
Para adornar: 50 gramos de alcaparras, 50 gramos de pepinillos y 10 tomates cereza.
Para la salsa: 100 mililitros de salsa mayonesa, 1 cucharadas de nata líquida, 1 cucharadas de kétchup, 1 cucharadas de mostaza, 1 cucharadita de zumo de limón y unas gotas de salsa Perrins.
Elaboración:
Retirar la piel y las espinas al atún. Desmenuzarlo y disponerlo en un recipiente. Batir los huevos, agregarlos al atún y salpimentar. Mezclar, tapar y reservar en la nevera 2 horas.
Abrir el pimiento, eliminar las simientes y los filamentos; cortarlo en tiras muy finas (también el jamón). Pelar las gambas y quitarles la cabeza. Pelar la cebolla y picarla fino. Calentar 2 cucharadas de aceite y rehogar la cebolla. Escurrirla. En el mismo aceite, sofreír el pimiento.
Engrasar un molde rectangular y espolvorear pan rallado. Cubrir el fondo con una capa de bonito. Poner encima un poco de cebolla, tiras de pimiento, de jamón y gambas. Cubrir con bonito y seguir hasta acabar los ingredientes. Cocer en el horno a 220 grados al baño maría 45 minutos. Mezclar la mayonesa con los ingredientes para la salsa.
Reservar en nevera con un peso encima. Desmoldar y cortar. Servir con la salsa y adornar con pepinillos, alcaparras