Existe un protocolo, más o menos conocido, que se debe cumplir a rajatabla en comidas y cenas
14 jul 2014 . Actualizado a las 14:06 h.Hemos crecido escuchando a nuestros padres gritar eso de «¡a comer!» cuando llegaba la hora clave del día: la de sentarse a la mesa todos juntos. Un verdadero ritual familiar con el que hemos crecido y en el que nos enseñaron cómo comportarnos correctamente para ese futuro que ya ha llegado con comidas con amigos, con la pareja o de trabajo. Las buenas maneras y la buena educación en la mesa son claves para no decepcionar a nadie, empezando por nuestros padres. Mejor no llamar la atención que hacerlo por los malos modales, fue la esencia de esa educación paterna y materna que se ha ido perfeccionando a lo largo de los años en comidas familiares, en el comedor del colegio o en cenas con amigos. Y es que el protocolo en la mesa, uno de los pocos a los que se enfrentan la mayoría de los mortales, es más complicado de lo que puede parecer a simple vista.
¿Cómo pongo la mesa?
El examen, en realidad, ya empieza antes del momento de sentarse a almorzar o cenar. Poner la mesa, eso que de pequeños se hacía por rutina, gana peso cuando somos los anfitriones en nuestro propio hogar, y siempre debe estar lista antes de que lleguen los invitados. Con una buena iluminación, la elección del mantel ya está estipulado por protocolo: mejor de hilo para eventos importantes, bien planchado y de tonos claros, aunque, bien es cierto que el tema de los tonos se ha flexibilizado y el multicolor vence ya en este apartado.
A la hora de colocar los platos, lo primero que hay que tener en cuenta es la distancia entre comensales. Nada de codo con codo, al igual que sucede con la papiroflexia con las servilletas -un campo no apto para la innovación- que se colocarán a la izquierda o sobre los platos. Aunque la colocación de los platos no es muy relevante -en el orden en el que se usan-, no pasa lo mismo con los vasos o los cubiertos. Las copas van de izquierda a derecha por tamaño: de la del agua, que es la más grande, a la del vino blanco, que es la pequeña, y si hay de cava detrás de ellas. En cuanto a los cubiertos: tenedores a la izquierda y cuchillos y cucharas a la derecha, y en orden inverso a su uso -es decir, de fuera hacia dentro, del pescado a la carne-. Y los de postre se posicionan en la parte delantera. Para tener más fácil lo de poner la mesa, nada mejor que hacerse con algunas novedades para nuestra mesa ahora que los descuentos están al orden del día. Con rebajas de hasta el 50 %, El Corte Inglés ofrece una amplia variedad de utensilios de menaje para el hogar para triunfar antes de empezar a comer.
Los codos y el móvil, fuera
Una vez superado el trámite de poner la mesa y ya metidos en faena, hay que tener en cuenta dos cosas antes de empezar a comer. Por una parte, los móviles deberán dejarse al margen. Se puede vivir durante una hora sin ellos, es momento de asimilarlo. Por otra parte, y aunque la regla de oro es estar cómodos, los codos deben posicionarse siempre fuera de la mesa. Es decir, se apoyan los antebrazos en el borde de la mesa para poder usar los cubiertos, y poco más.
La servilleta, la mejor amiga
Con el móvil y los codos fuera, la servilleta se convierte en la mejor pareja de baile. Elemento auxiliar imprescindible, ya sea en los muslos o en la mesa, tenemos que usarla cuando nos manchamos y antes y después de beber, para no dejar impurezas en el vaso. Una vez terminada la comida o la cena, se deja un poco arrugada a la derecha del plato por el lado que menos se haya ensuciado.
Cada oveja, con sus utensilios
Con la servilleta ya posicionada, empieza el arte de comer en rebaño. En este duro proceso, el primer paso es saber cuál es la copa correcta. Por lógica, la del agua será la única presente durante toda la comida, pero como a veces la razón brilla por su ausencia la clave para reconocerlas es por los tamaños, como se explicaba más arriba. Si esto no funciona, porque la modernidad ha impuesto otros cánones, lo que nunca fallan es que van de izquierda a derecha.
En cuanto a los cubiertos, llega la pesadilla y la pregunta de rigor: «¿qué como con qué?». La regla general es que los alimentos blandos sean con tenedor, los más duros con cuchillo y tenedor, y los pescados con la pala y el tenedor de pescado. Pero como siempre, la excepción confirma la regla: la tortilla y los huevos solo con tenedor y prohibido trocearla con el cuchillo, los espaguetis solo con tenedor -lo de la cuchara es un mito que aterroriza a los italianos-, y en cuanto a las frutas de postre, exceptuando a las de mayor tamaño, con la mano.
Una vez asumido cual es la copa y el cubierto correctos, ojo con el pan. El nuestro es de la izquierda, el de la derecha es del vecino.
Y, ¿entre plato y plato?
Superado el momento inicial y ya relajados, llega el momento del segundo plato y la tensión vuelve a incrementarse. La respuesta más habitual es esperar a que todos estén servidos, pero no. Al segundo no se espera, sobre todo cuando hay muchos comensales o se está en un restaurante. No se trata de una falta de educación, sino de lógica para evitar comer frío.
Y al terminar, ¿qué?
Una vez concluida la comida, los cubiertos no se dejan como cuadre. El protocolo establece que entre bocado y bocado se disponen a ambos lados del plato -uno a las 8 y otro a las 4- y cuando se haya terminado de comer se dejan en paralelo -a eso de las 6.30-. Es una especie de código para avisar al camarero de que pueden recoger el plato. Existe una leyenda urbana que cuenta que existe un lenguaje oculto en la forma de dejarlos, pero es completamente falso, por lo menos en tema de protocolo. Aunque ya se sabe, como en todo, para gustos colores.