El deportista asegura: «No me pagan por subir al edificio. Me pagan por el espectáculo. Subo al edificio gratis»
27 ene 2026 . Actualizado a las 12:32 h.«Lo haría gratis. Si no hubiera un programa de televisión y el edificio me diera permiso, lo haría porque sé que puedo y sería increíble. Simplemente sentarse solo en lo más alto de la torre es una locura. No me pagan por subir al edificio. Me pagan por el espectáculo. Subo al edificio gratis». De esta forma tan mundana explicaba el escalador estadounidense Alex Honnold su última epopeya: la ascensión al rascacielos Taipei 101, una mole de más de 508 metros que hasta el 2009 fue el edificio más alto del mundo.
Conocido como «Alex, no es para tanto» por su costumbre de restar valor a sus hazañas, la gran especialidad de Honnold es el free solo —solo integral, en castellano—, la modalidad de escalada más extrema que existe, la que lleva a aventurarse sin cuerda, jugándose literalmente la vida en cada centímetro de pared que se asciende. «Es su superespecialidad», afirma el escalador Eneko Pou, amigo personal del norteamericano, al que describe como un tipo «majo y sencillo». «A las habilidades técnicas de escalada se le debe añadir una enorme capacidad para abstraerse del miedo. La cuerda es lo que te une a este mundo», explica Iñaki Garay, guía de montaña y director técnico de la Federación Vasca de Montaña. «Casi todos los escaladores hemos escalado sin cuerda en algún momento, pero en paredes muy controladas. Cualquier error es fatal», añade.
Honnold, de 40 años, se plantó en la base del rascacielos en la madrugada en España de este pasado domingo. Ajeno a las miles de personas que seguían su asalto en directo —la retransmisión tenía un retraso de diez segundos por si ocurría una tragedia—, invirtió solo una hora, 21 minutos y 34 segundos en subir los 101 pisos. Y eso, sin darse excesiva prisa, ya que incluso se entretuvo saludando a las personas que se encontraban dentro del edificio y le sacaban fotos.
Un cerebro blindado
«Este tipo de escalada extrema nació con el mismo alpinismo, con la primera ascensión al Mont Blanc en 1786», cuenta Pou. Esta especialidad casi suicida «estuvo muy de moda entre los escaladores de la generación de los años 80 y 90», especialmente en Yosemite, la Meca de esta especialidad. «Ahora solo la practican unos pocos. Se busca la dificultad pero con seguridad. Bastante peligrosa es ya la montaña como para arriesgar todavía más». Lo de hacerlo en edificios lo puso de moda Alain Robert, conocido como el Spiderman francés, que solía terminar sus arriesgadas ascensiones detenido por la Policía.
Precisamente fue en Yosemite donde Honnold talló su leyenda. En el 2017 fue capaz de lo imposible: escalar El Capitán, una pared de mil metros, sin más ayuda que sus manos, sus pies y una capacidad sin igual para abstraerse al temor a una caída. Incluso se ha estudiado esta asombrosa capacidad para ignorar a la muerte. Se ha llegado a decir que no es capaz de sentir miedo.