Caídas ajenas


No es empático reírse con las caídas ajenas, pero desde el inicio de los tiempos un traspiés provoca en mucha gente el irrefrenable mecanismo de la risa floja. Los cómicos han explotado los mamporrazos sin medida. Telecinco, en sus comienzos, le dio al espectador de los años noventa carta blanca para mofarse de los costalazos más aparatosos cuando estrenó un novedoso programa japonés de Takeshi Kitano llamado Humor amarillo. El formato se basaba en batacazos chistosos sobre los cuales los locutores españoles inventaban historias y personajes como el chino Cudeiro, que se convirtió en un referente de la cultura televisiva popular. Aún hoy en día las redes sociales le rinden homenaje con imágenes dedicadas a sus sucesivas muertes, que para algunos forman parte de sus recuerdos más entrañables. 

Aquella yincana está estos días en el recuerdo de muchos espectadores con motivo del estreno en Antena 3 de Ninja Warrior, otra adaptación de un programa japonés que es la generación 3.0 del Humor amarillo, aunque sin tanto humor, con pruebas de alto rendimiento físico y caídas con menos gracia. Aquí hay mucho más músculo que en el programa de los noventa, imprescindible para soportar la elevada exigencia del circuito. Tanta es la acción que se le imprime al programa con el ritmo y la narración acalorada que el espectador acaba agotado aún sentado en el sofá.

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