Esta vez sí. Hemos tenido que pasar por seis meses de bochorno. Seis meses de diálogos de besugo, seis meses de lucha de egos, seis meses de incapacidad política, de llamadas a la negociación cuando no había ánimo de negociar. Hemos tenido que asistir a dos investiduras fallidas. Y, finalmente, hemos tenido que disolver las Cortes, convocar elecciones y pagar las indemnizaciones de 8.000 euros a los senadores. La torpeza de nuestros representantes nos ha obligado a volver a sortear a los miembros de las mesas electorales, a solicitar el voto por correo, a abrir la tarjeta del censo. Nos obligan a volver a pasar por lo que ya habíamos pasado. Nos obligan a escuchar versiones latinas de sus himnos. A leer catálogos en los que se hacen, una vez más, los suecos. A tener que ponerle un café al candidato porque no se le ha ocurrido otra cosa que tocar el timbre de tu casa. Pero valdrá la pena. Porque esta vez sí, esta vez habrá un debate en condiciones. Un encuentro a cuatro con los cuatro que tenían que haberse encontrado hace seis meses. No hay excusas. Esta noche debatirán los cuatro líderes de los cuatro grandes partidos. Pero lo harán en medio del hastío generalizado. El gran debate llega tarde. Aun habiendo cumplido de sobra con nuestra parte, nos obligan a volver a pasar por lo mismo. Pero no pueden obligarnos a escucharles. Porque ya han demostrado que no se escuchan entre ellos.